La posición de Sergio Massa de cara a las elecciones legislativas de este año es, probablemente, mucho más difícil que lo que había imaginado hace unos meses.
En 2013, la primera vez que se animó a dar pelea en las urnas con el Frente Renovador, su eje discursivo fue "ponerle freno a Cristina eterna", imponiendo en el imaginario colectivo que de ganar las elecciones legislativas de ese año, una amplia mayoría obtenida por el FpV podría haber impulsado una reforma constitucional y con ello, la habilitación a una re reelección de Cristina Kirchner. Todos hechos contra fácticos e imposibles se catalogar como ciertos, pero que le sirvieron al fin y al cabo para alzarse con los votos en la provincia de Buenos Aires.
En 2015, quien le ganó la pulseada no fue el Frente para la Victoria (que en rigor sí le ganó en las urnas) sino que fue Mauricio Macri, quien a los ojos de muchos representaba una oposición "más verdadera" que la de quien alguna vez fue Jefe de Gabinete del gobierno que criticaba. Y sumado al discurso suavizado del macrismo en el que un mes antes borró con el codo lo que supo escribir durante años y prometió "cambios pero respetando derechos" (lo que luego en la práctica no fue así), le ganó el segmento a un Frente Renovador que quedó víctima de su propia estrategia y cuyo discurso de la "ancha avenida del medio" no convenció. O se quería un cambio o no se quería.
Este es, una vez más, el riesgo que corre ahora la alianza 1País, conformada por el massismo, el GEN de Margarita Stolbizer y algunos pocos otros aliados, pero que a cada inclusión fue perdiendo nombres importantes en el camino como Alberto Fernández, otro ex jefe de gabinete que dejó a Massa para comandar la campaña de Florencio Randazzo.
El quedar como cuasi oficialista en años pares y opositor en los impares es un costo político que recién cuando se conozca el escrutinio de octubre podrá medir el massismo, que por el momento, pareciera insistir con la misma receta.
El propio Sergio Massa afirmó que en las próximas elecciones legislativas su espacio político apuntará a "poner dos frenos, uno al empobrecimiento y otro al pasado" en referencia la polarización que empieza a gestarse entre el frente oficialista Cambiemos y Unidad Ciudadana que impulsa la candidatura de la ex presidente Cristina de Kirchner.
"En esta elección tenemos que poner dos frenos: el freno al empobrecimiento en la Argentina y el freno a la vuelta del pasado", sostuvo Massa en declaraciones a radio Rivadavia y abogó por "de una vez por todas ocuparnos del presente y del futuro y terminar de creer que la Argentina se resuelve mágicamente o con propagandas y frases hechas". Lo curioso es que muchas de las leyes que permitieron abrir la puerta al endeudamiento desmedido tuvieron en el recinto, la aprobación del Frente Renovador.
"Discutamos agenda y propuestas, no quién grita más fuerte o acusa al otro para tapar los problemas que tenemos. La idea de la grieta tiene que ver, en el caso del kirchnerismo, con tapar el pasado y la corrupción, y en el caso del Gobierno, con tapar el fracaso del presente", añadió.
Por el contrario, Massa postuló que "lo que se vota en estas elecciones es quién va a representar de verdad y responsablemente a los trabajadores, a la clase media y a los jubilados. Quién le va a poner límites al Gobierno y parar con esta locura de ajustar el bolsillo de los que menos tienen".
"Los argentinos tienen que elegir qué tipo de oposición quieren: si una que proponga o una que tire piedras. Argentina necesita consolidar una oposición responsable que corrija los errores de este gobierno sin producir una crisis", completó.
Massa debe, además, ordenar su tropa hacia adentro. El cierre de listas le hizo perder el apoyo de Libres del Sur, y volvió a dejar heridos propios y ajenos.
Victoria Donda dio el portazo al interpretar que no se cumplieron los acuerdos electorales previstos donde, dice, se había prometido un reparto equitativo de los cargos, algo que no ocurrió ya que los principales lugares de las listas de candidatos nacionales como seccionales quedaron en manos de nombres propiamente massistas. Pero además, hubo ciertos roces entre su propia tropa porque tampoco esta vez se acordaron los lugares del modo que muchos pretendían, lo que ya casi parece un clásico en los cierres de listas del hombre fuerte de Tigre.
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