No es la primera vez que una investigación no se lleva a cabo del modo correcto. No es la primera vez que un hecho vuelve a poner en duda si el método es el indicado. Si no debiera haber en la Argentina, una policía judicial y profesionales preparados en la materia para llevar adelante la investigación que de otro modo, por lo general, recae en la policía bajo las órdenes de abogados devenidos en funcionarios judiciales, pero en rigor, ninguno de ellos cursaron una carrera específica de investigación criminal.
Más allá del eterno cuestionamiento sobre el sistema en general, en el caso de la muerte de Araceli Fulles se suma además, la intención manifiesta de desviar la investigación por parte de algunos integrantes de la bonaerense, y la poca celeridad con que se llevó a cabo, en un caso que hasta que no se comprobó que fue asesinada, no había logrado tampoco instalarse en los medios como sí lo hicieron otros.
Ahora se sabe, además, que los rastrillajes (aunque desde el ministerio de Seguridad lo niegan) se habían realizado sin perros entrenados para hallar restos. Recién cuando desde la municipalidad de San Martín advirtieron eso a la Fiscalía se convino llamar a los Bomberos de Punta Alta cuyos perros son famosos por el buen desempeño que tienen para esas tareas.
Ahora se sabe, también, que un efectivo que participó de la investigación es hermano de uno de los detenidos y se presume, alertaba sobre el camino que llevaba la investigación y su información habría permitido que los responsables del aberrante hecho estuvieran un paso adelante y evadieran a la justicia.
Jonathan y Emanuel Ávalos están detenidos por ser acusados de cómplices de Darío Badaracco, señalado como posible autor dado que el cuerpo de Araceli apareció en su casa y recién ayer logró ser detenido gracias a la identificación de una persona que llamó al 911, porque a pesar de ser sospechoso casi desde el comienzo de la búsqueda de Araceli, logró profugarse.
Jonathan y Emanuel son hermanos del Oficial Subinspector legajo 202.341 Ávalos Elian Ismael. La hipótesis es que fue él quien alertó a Badaracco de que iban a volver a allanar su vivienda y a partir de ahí desapareció.
Uno de los puntos oscuros de la investigación son los rastrillajes. Es que la policía había estado en la vivienda señalada el 17 de abril, pero no habían encontrado rastros. Desde la fuerza aseguran que la casa se allanó con canes, aunque sin resultados. Sin embargo, autoridades políticas de San Martín dijeron que habían alertado al intendente Gabriel Katopodis de que la Bonaerense no estaba actuando con perros en los rastrillajes y por eso se pidió ayuda a los bomberos de Punta Alta. Ante el aval de la fiscalía, comenzaron a trabajar en el caso. Siguiendo el rastro llegaron hasta la casa. Alertados, pidieron a la Bonaerense que vuelva a ingresar y recién ahí se encontró el cadáver.
Badaracco declaró en tres oportunidades frente a la fiscal Graciela López Pereyra. A pesar de sospecharse de él, nunca lo detuvieron. Fuentes de la investigación señalan que "se lo dejó en libertad como estrategia para que los conduzca hacia los cómplices", pero lo cierto es que quedó en evidencia que nunca se lo siguió y se desconocía su paradero hasta que por un llamado al 911 se supo dónde estaba y se logró detenerlo. No fue gracias a la investigación judicial ni policial. Fue gracias a un llamado.
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