Sergio Massa ha sido siempre, un buen negociador. Y ha manejado en todo momento, un estilo en el que para negociar primero "aprieta", y luego escucha ofertas. Esto le ha servido para mantener estructura y conseguir cargos, tanto durante el gobierno anterior como desde la asunción de Mauricio Macri, momento en que detectó el talón de Aquiles del oficialismo: "no tienen gente"; "no tienen cuadros técnicos para ocupar los tres gabinetes", se regodeaba con sus referentes.
Esta vez no fue diferente a las anteriores. O sí. Le erró en los tiempos. Comenzó como siempre, acorralando al citar a las Centrales obreras y amenazar con una Ley antidespidos, pero a diferencia de otras veces en las que su marcha atrás se daba con alguna excusa potable tras haber negociado (lo que para adentro de sus filas vende como "nos sirve para seguir siendo actores políticos determinantes"), esta vez fue demasiado lejos y comprometió a gente que difícilmente le perdone el desliz.
Aun suponiendo que los líderes de la mayoría de las Centrales de Trabajadores hace rato que están alejados de las bases y los mecanismos de elección de las CGT no ponen en riesgo la representatividad de nadie, el exponerlos públicamente sí los deja en una situación de la que no pueden retroceder fácilmente.
El presentar un "proyecto alternattivo" es simplemente un recurso, pero avala la teoría de la negociación. Todos saben que eso es utilizado sólo en dos circunsatancias: si un partido con pocos representantes en las bancas no quiere adherir a un proyecto, y tiene su propia postura, presenta el suyo para "marcar" que no aprueba el de mayoría porque no concuerda en tal o cual punto, pero que no significa una negativa total al tema ya que ellos tienen su propia idea que queda plasmada en ese proyecto que pasa a ser casi testimonial.
En cambio, cuando un partido tiene legisladores suficientes como para inclinar la balanza a favor o en contra, y decide presentar un "proyecto" alternativo, claramente es parte de una estrategia donde lo que se busca en realidad es bloquear la aprobación del que impulsan los demás. O sea, en este caso, darle nuevamente una mano al oficialismo evitando que la oposición logre aprobar el proyecto que proponen, pero quedando ante la opinión pública como quien estaba "a medio camino".
Lo que no previó Massa en esta oportunidad, es que a quienes deja patinando en falso son personajes de su propio bloque ligados a sectores con poder de movilización como lo es Facundo Moyano, por mencionar alguno, y que podría significarle una ruptura política si varios deciden abandonarlo ante la confirmación de un nuevo acuerdo entre Massa y Macri.
"Hay que frenar los despidos y proteger a las pymes. La prohibición de despidos a las grandes empresas pretende ser un límite pero también, una señal clara de protección de que estamos dispuestos a cuidar a los que tienen trabajo", señaló Massa.
Además, advirtió que "sin empresas no hay trabajo", por lo cual su bloque propondrá "un sistema de premios para que las pequeñas y medianas empresas que cuiden a sus trabajadores paguen menos impuestos".
La nueva propuesta llegó de la mano de Marco Lavagna y ya tiene la negativa de Facundo Moyano.
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