Si algo ha demostrado el gobierno de Mauricio Macri en muchas de las políticas que ha implementado desde su asunción, es que tiene un enorme grado de improvisación. Lo demuestran los tarifazos, las consecuencias de la devaluación, los despidos y la retracción de la economía para bajar la inflación que se disparó desde que asumieron.
En ese marco, la política de seguridad no es la excepción. A los innumerables papelones de la ministra Patricia Bullrich y las marchas atrás dadas con el "protocolo de piquetes" o el no envío (que ahora envían) gendarmes y prefectos a caminar las calles del conurbano, se le suma lo que presentan este miércoles como gran logro: la fusión entre la Policía Federal Argentina traspasada y la Policía Metropolitana. La síntesis de ambas será llamada "Policía de la Ciudad", y vestirá un uniforme en el que predomina el turquesa, aunque los hombres del Pro prefieran definirlo como de "color cian".
LA HISTORIA
Mientras Mauricio Macri estuvo al frente del Gobierno porteño se pasó 8 años reclamando el traspaso de la Federal, algo que el gobierno de Cristina Kirchner nunca aceptó, por lo que debió recurrir a la conformación de una policía propia que nunca terminó de cumplir el rol para el que se suponía había sido creada ni tampoco sumó la cantidad de efectivos necesarios como para cubrir la totalidad del ejido porteño.
Ni bien tuvo la lapicera en su mano sentado en el sillón de Rivadavia, Macri firmó el traspaso que tanto había anhelado, y debido al tiempo de su reclamo, todo hacía presuponer que detrás de esa firma habría al menos, un plan para llevar adelante ese proceso basado en un exhaustivo estudio y un diagnóstico preciso, de al menos, con qué elementos se encontraba y qué era lo que intentaba fusionar.
Pero a la luz de los acontecimientos, la firma parecería haber sido sólo el capricho del niño rico que durante años pidió un juguete que estaba fuera de su alcance y cuando lo tuvo a mano lo arrebató sin saber qué era ni cómo se usaba.
IMPROVISACIÓN Y DESCONOCIMIENTO
El primero de los errores y el que le puede costar que deba dar marcha atrás con el traspaso compulsivo de personal es desconocer el elemento.
Cuando se creó la policía Metropolitana hubo ofertas de traspaso voluntario. Quienes optaran pasar a la Ciudad tendrían la posibilidad de un sueldo más elevado que el que recibía en la Federal, y se integraría al escalafón único. Perdía, en cambio, parte de su antigüedad, algo que no afecta en términos de aportes, pero sí en relación a los grados del escalafón y los ascensos. Sin embargo, la oferta convenció a pocos y mientras fue optativa, la mayoría eligió continuar en la Policía Federal, una fuerza que engloba a miles de efectivos, con despliegue en todo el país.
Para poder implementar una política es imprescindible un buen diagnóstico y en este caso, no existió. Los enviados del ministerio de seguridad que visitaron comisarías para explicar cómo sería la fusión no sólo no pudieron responder la mitad de las preguntas que se les hicieron, sino que demostraron un enorme grado de desconocimiento de cuestiones básicas como por ejemplo, conocer el orden jerárquico de quienes integran la Policía Federal y saber responder en ese momento, cuál sería su equivalencia en la nueva policía.
La fusión de ambas Fuerzas convierte a la nueva policía de la Ciudad en un ecalafón único donde no distingue Sub oficiales de Oficiales como sí lo hace la Policía Federal que incluso tiene dos escuelas separadas, donde con menos de un año ( y menores requisitos de estudios previos para el ingreso) se reciben de Suboficiales y se incorporan al trabajo como agentes, mientras que los que eligen estudiar para oficiales lo hacen durante tres años y el primer escalón una vez recibidos es el de Ayudantes.
Probablemente, y con gran desconocimiento, quienes firmaron el traspaso creyeron que los suboficiales darían vueltas en el aire de contentos por pasar a ser oficiales de la policía de la Ciudad. Pero para sorpresa de los funcionarios, no fue así.
Entre otros detalles, no lo es porque muchos de quienes están en comisarías, no pertenecen a la Ciudad de Buenos Aires y no pretenden quedarse a vivir en ella para siempre. Las escuelas de la Policía Federal no son descentralizadas. En ambas, convergen los aspirantes de todo el país y una vez recibidos, son asignados a delegaciones del interior o a Comisarías de la Ciudad de Buenos Aires, pero siempre con la promesa de que en el caso de ser del interior, en poco tiempo podrán pedir el pase y regresar a sus provincias. El traspaso los confinaría hasta su retiro, a quedarse en la Ciudad.
Pero más importante aún es para los que visten el uniforme de la Federal, su sentido de pertenencia. No les da lo mismo ser llamados policías federales que de la Provincia o mucho menos, de la Ciudad. Los suboficiales que llevan más de 20 años en la fuerza y sienten el orgullo de pertenecer a ella no imaginan retirarse con un carnet que los identifique como retirados de la Ciudad. Eligieron ser Policía Federal, lo son ahora y quieren seguir siéndolo cuando se retiren. No es, para ellos, interesante convertirse en "oficiales" si por eso pierden su camiseta, aquella que abrazaron y que defienden y que les otorga ese sentido de pertenencia.
Muchos, oficiales y suboficiales, sienten que ser parte de esa fuerza no es un trabajo, sino una elección de vida. No se imaginan cambiando de lado. "Si soy de Boca no me voy a poner la camiseta de River" ejemplifica un suboficial con 27 años de antigüedad que prefiere pedir el retiro ahora, antes que esperar más tiempo y que su credencial no diga Policía Federal.
Nada de esto tuvieron en cuenta cuando planificaron la fusión.
Tampoco previeron, por el contrario, qué hacer con quienes aún cursan en la escuela de Cadetes. Los que en pocos meses estarán recibidos, serán ingresados al sistema actual. Los que están en segundo año, a mitad de 2016 cambiaron sus planes de estudio y ya no serán policías destinados a comisarías, sino que la rama "Seguridad" se convierte ahora en "Investigación criminal". Si en cambio quieren ser policías como se habían imaginado hace un año y medio cuando entraron a la escuela de Cadetes, deben darse la baja e ingresar a la escuela de la Ciudad.
Tampoco saben qué harán los que cursan el escalafón Bomberos. Los cuarteles de bomberos de la Policía Federal, en un 99 por ciento están radicados en la Ciudad de Buenos Aires. Quienes hoy están estudiando y soñaron con apagar incendios probablemente sean enviados a delegaciones del interior y confinados a aeropuertos. Ni saben cuál será su destino los que cursan Científica o Comunicaciones. Todo es improvisado y para nada hay respuestas.
La "Federal residual" como le dicen desde el gobierno a la que no se fusiona, continuará bajo la órbita del Ministerio se seguridad de la Nación.
DISCONFORMIDAD MANIFIESTA
Tal vez, la mayor demostración del malestar que hoy hay en la Policía Federal se haya vivido hace pocos días, cuando se realizaba el acto de finalización del curso que obligaron a hacer a los efectivos traspasados de la Federal a la Ciudad. El evento finalizó en escándalo.
El acto se llevaba a cabo en las instalaciones del "Instituto de Perfeccionamiento" de la Policía Metropolitana, donde desde que se firmó el traspaso enviaron a 600 efectivos de la Federal por mes a realizar un curso de "actualización", y a su término, eran considerados aptos para la nueva policía.
En el escenario, estaban funcionarios de la Ciudad y los Jefes de la Policía Metropolitana y también Guillermo Calviño, el hombre que tiene a su cargo las Comisarías, que proviene de la Federal, y que aspiraba ser nombrado como Jefe de la nueva Policía de la Ciudad, a instancias de Rodríguez Larreta. Para los "azules", hoy su nombre es sinónimo de "traidor".
El acto se desmadró cuando en medio de los discursos, una suboficial gritó en la cara de los funcionarios y de las autoridades policiales, casi al borde del llanto, pidiendo "queremos los pases señor, queremos volver con nuestras familias; no me importa ser oficial, estoy orgullosa de ser suboficial y si volviera a nacer, volvería a elegir a la Policía Federal". Lejos de hacerse el silencio con el que se acostumbra acompañar cualquier reclamo en un cuerpo que no está acostumbrado a hacerlos públicos, su grito generó ovación, aplausos sostenidos por más de un minuto, y el acto debió ser suspendido cuando hacia el escenario volaron (literalmente) los diplomas que acababan de recibir.
El clima de reclamo no se acalló. Por el contrario, generó fervor y animó a plantar bandera.
Al día siguiente, una suboficial de la Comisaría 37 modula por radio su número de móvil y le agrega "de policía federal". Esa mención derivó en castigo. Fue sancionada por el Comisario Inspector de su zona, junto al Subcomisario Jefe de servicio y al segundo Jefe, sólo por haber agregado la frase "de Policía Federal".
"Esta sanción demuestra que estos traidores nos quieren quitar la identidad que tenemos", relata otro efectivo en uno de los tantos audios de whatsapp que circulan por estas horas, y agrega: "no nos tenemos que quedar con los brazos cruzados. Los jefes de arriba son todos traidores. Están sancionando a la gente por decir Policía Federal Argentina, que es lo que somos".
Por lo pronto, varios efectivos obligados a ser traspasados han presentado "Reclamo Administrativo" ante quien reconocen como Jefe, que es el titular de la Policía Federal Argentina, Néstor Roncaglia.
En el reclamo, un Sargento 1° solicita que se suspenda su trámite de traspaso, y deja "expresa reserva de interponer acción judicial por medida cautelar" si el trámite continuara su curso. E invoca para ello, el artículo 127 de la Ley 21.965 (para personal de la PFA), presentando el reclamo al tenor del artículo 339 del decreto 1866/83 y manifiesta la oposición al traspaso de la Policía Federal, por considerar ese acto "interruptivo" de sus legítimos derechos.
TRAICIONES
Cuando desde el escritorio de Mauricio Macri salió el proyecto de fusión con su firma, seguramente también contaba con algo fundamental: la policía es una fuerza estructurada jerárquicamente, no democrática, que carece de representatividad a la hora de reclamar algo.
El orden jerárquico se respeta y los de abajo deben hablar con su superior inmediato, van de escalón en escalón, no pueden saltarse ninguno y para que un reclamo llegue a las más altas esferas se requiere de la voluntad de cada uno de los superiores y que no se corte esa cadena. Por eso, no son pocos quienes consideran que la "traición" la ejercen los jefes, que son en rigor, los únicos que hablan con el poder político. Los de abajo no tienen ni voz ni voto, pero para sorpresa de todos, están empezando a hacerse escuchar.
Nunca imaginó Macri que 600 efectivos podrían abuchear a Guillermo Calviño o arrojarle los diplomas en el sentido más literal de la palabra. En Calviño se ha personificado lo que consideran "la entrega" de la PFA, y le han sacado a relucir incluso, sus cuentas aun poco claras con la justicia y las causas donde está imputado, entre otras cosas, por ser considerado quien "liberó" una zona en la que luego se enfrentaron dos facciones de la barra brava de Boca Juniors que terminó con dos muertos, con la cual también se lo acusa de tener vínculos. También, hay quienes sostienen que a Calviño lo "banca" Daniel Angelici, el Presidente de Boca, y hombre que fue en reiteradas oportunidades, señalado como el operador judicial del macrismo.
Pero pareciera que los sueños de convertirse en la máxima figura de esa nueva fuerza, quedaron truncos para Calviño quien desde el vamos estuvo resistido por gran parte de la tropa que veía en él no al hombre que defendería el sentimiento de la PFA, sino un interés político personal para erigirse como jefe.
Su jefatura a cargo de las Comisarías traspasadas había generado también cierto resquemor entre sus pares. Horacio Giménez, un ex Comisario General de la Federal ocupa el cargo máximo de la Metropolitana y lo secunda Ricardo Raúl Pedace, un ex Comisario Mayor de la PFA. Ambos, más "antiguos" de Calviño, algo que en la fuerza tiene mucho peso y generaba ciertas rispideces. De todos modos, ninguno es venerado.
Pedace fue señalado como responsable del operativo en el Borda y Giménez fue acusado por su tropa en 2009, de haber mandado a fotografiar a efectivos que querían pasarse voluntariamente a la Metropolitana. Ironías de la vida (o vericuetos de la política) terminó siendo él el segundo de esa Fuerza.
Este miércoles se presentará con bombos y platillos el proyecto de Ley que crea la Policía de la Ciudad, y el nuevo Jefe, dicen, será un civil elegido por el Gobierno porteño, "a recomendación del ministro de Justicia y Seguridad". La elección de un civil, si se confirma, no es inocente tampoco. Quita del medio la pelea por el sillón por parte de los hombres de la Fuerza, deja a Calviño al menos por un tiempo fuera del blanco, y además, sugiere entre líneas, que habrá "otro tipo de conducción", e incluso hacen foco en que no se manejarán fondos, como si el hecho de administrarlos la policía fuera sinónimo de corrupción, y el que sea el ministerio de seguridad quien se encargue de licitaciones y compras sea sinónimo de transparencia.
El proyecto será enviado a la Legislatura porteña y sólo con mayoría simple quedaría aprobado, lo que el oficialismo da por hecho y considera un mero trámite.
LA NUEVA POLICÍA
La nueva policía estará formada por alrededor de 25 mil hombres, contando los aproximadamente 19 mil traspasados de la Policía Federal y los seis mil oficiales de la actual Metropolitana.
Entre las "virtudes" que destacan del proyecto, mencionan que "la Policía de la Ciudad contará con un escalafón único denominado Escalafón General Policial, que respetará las jerarquías como la antigüedad de los efectivos de ambas fuerzas. No habrá más oficiales y suboficiales, por lo que con el nuevo diseño, ninguna de las dos fuerzas perderá derechos adquiridos", enfatizaron.
La nueva escala jerárquica reconoce 4 categorías:
- El Cuadro de Oficiales Superiores
- El Cuadro de Oficiales de Dirección
- El Cuadro de Oficiales de Supervisión
- El Cuadro de Oficiales Operativos.
Crea además, el "Grupo auxiliar" de oficiales Superiores que estará abocado a tareas de apoyo operativo y convierte a los Suboficiales Mayores en Oficial 1°; al Suboficial auxiliar en Oficial 2do y al Suboficial escribiente en Oficial 3ro.
El escalafón general será: Superintendente (Comisario General en la PFA); Comisario General (Comisario Mayor en la PFA); Comisario Mayor (Comisario Inspector en la PFA); Comisario; Subcomisario; Inspector Principal (Principal en la PFA).
A partir de Inspector comienzan a entremezclarse lo que en la Policía Federal eran oficiales y Suboficiales. El grado de Inspector en la de la Ciudad equivale a Inspector y Sargento 1ro de la Federal; Oficial Mayor serán los Subinspectores y Sargentos de la PFA; Oficial Primero los que eran Ayudantes en la Federal y Oficial quienes eran Cabos o Cabos 1ro.
Para poder integrar el Cuadro de Oficiales Superiores se debe tener el grado de Superintendente o Comisario General. Quienes posean grado de Comisario Mayor; Comisario y Subcomisario integrarán el Cuadro de Oficiales de Dirección.
Otorgan además, plazos de 5 ó 3 años según el grado, para la presentación de los títulos académicos que se le exigen a los oficiales actuales, habida cuenta que los suboficiales no tuvieron esa exigencia a la hora del ingreso a la Fuerza.
Señalan también que "el nuevo Cuerpo de Bomberos de la Ciudad será una institución civil no armada que dependerá del ministerio de Justicia y Seguridad. Será considerado un servicio público esencial. Se abrirá una carrera de Bombero. Los efectivos recientemente transferidos conservarán su estado policial", lo que deja en una nebulosa el destino de aquellos jóvenes que hoy cursan en la escuela de cadetes de la Policía Federal en la rama de Bomberos.
Por su parte señalaron que la formación de los integrantes de la nueva fuerza, así como la de los bomberos, agentes de tránsito y personal de seguridad privada, se realizará en el actual Instituto Superior de Seguridad Pública, que se convertirá en una Universidad.
Tal vez una de las mayores preocupaciones de muchos, fue respondida a medias en las últimas horas. "Van a seguir los adicionales, sólo que se llamarán servicios complementarios y estarán establecidos por el ministro de Justicia y Seguridad. El ministro será el que reglamente sus condiciones, organice su prestación y fije su precio", dicen.
Actualmente los espectáculos masivos requieren de mucho personal extra que sólo es posible reunir, a través de los adicionales. "El objetivo es a futuro, es que con la formación de nuevos integrantes de la nueva fuerza, los adicionales serán cada vez menos necesarios", relatan.
Lo cierto es que por el momento, hay más dudas que certezas; más reclamos que festejos y que una vez más, el macrismo ha demostrado que a la hora de gobernar se destaca por la improvisación y el desconocimiento.
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