Desde el inicio del año, y cuando el macrismo creía tener el viento de cola de la victoria electoral, una de las primeras embestidas fue ir por el manejo de la Federación Argentina de Municipios (FAM) que a nivel nacional conduce el Intendente de Florencio Varela, Julio Pereyra, y a nivel bonaerense, el de Ituzaingó, Alberto Descalzo.
En ese marco se inscribe también el tironeo permanente de parte del gobierno de María Eugenia Vidal (en especial, Cristian Ritondo) con el Jefe comunal de Ituzaingó, que tuvo su momento más álgido cuando se dieron los incidentes de una supuesta "poblada" contra los integrantes de un circo local a los que acusaban de tener vinculación con secuestros de chicos, algo que luego se supo, no era cierto y también se supo, formó parte de una operación de desestabilización con ingredientes políticos y de internas de la propia policía.
Del lado del oficialismo, el más activo para desbancar al peronismo fue Jorge Macri, Intendente de Vicente López, titular del BAPRO y sobre todo, primo de Mauricio Macri. Del lado de la oposición, hubo un momento de incertidumbre en el que se llegó a pensar en Eduardo "Bali" Bucca, Intendente de Bolívar, y considerado uno de los "moderados". Bucca, pensaban, podía sintetizar un término medio, pero a lo largo de las semanas perdió fuerza esa opción y ganó terreno una postura que si bien mantiene el "buen tono", también mantiene un lineamiento opositor bien marcado, y la encabeza la Intendente de La Matanza, Verónica Magario.
La FAM nuclea a los municipios más importantes del país y tiene un peso político. Desde que la creó Carlos Menem en los 90, todos los presidentes se enfocaron en tener un hombre propio al mando de la entidad, algo que por el momento no conseguirá Macri.
La sucesión de Julio Pereyra, que debía resolverse a mediados de año, mantuvo ocupados también a Rogelio Frigerio desde el Ministerio del Interior a través de Lucas Delfino, su secretario de Asuntos Municipales que incluso llegó a tener fuertes enfrentamientos con algunos Jefes comunales a los que intentó "presionar" pero la jugada le salió inversa y relatan en ese marco, una fuerte disputa que mantuvo con Martín Insaurralde, quien no ahorró epítetos para con el inexperto funcionario.
Finalmente, la renovación del cargo llegaría en septiembre, y como para ir "paso a paso" y salir de la encrucijada, podría modificarse el reglamento y que el nuevo mandato tenga, en principio, una duración anual.
Magario cuenta además, con el respaldo de Fernando Espinoza, el ex Intendente de La Matanza a quienes muchos prefieren mantener en segundo plano, aunque oficia de vocero cuando es necesario marcar ciertas "bajadas de línea".
Ya sin chances quedó Ramón Mestre, el radical que impulsaba un sector de la alianza Cambiemos, quien al igual que Jorge Macri, perdieron peso en la pulseada con el peronismo. Tampoco prosperó el intento de Delfino de impulsar a Nicolás Ducoté, el Jefe comunal de Pilar que aun no logra siquiera dar pie con su gestión local y que en cambio, da muestras de permanente incontinencia verbal. Antes había sonado también, Néstor Grindetti, el Intendente de Lanús, salpicado entre otras cosas, por sus cuentas en Panamá. El retroceso de los hombres de Cambiemos fue directamente proporcional al descontento social y le permitió al peronismo recuperar casilleros.
Lo que sigue podría ser un acuerdo para "rotar" la presidencia y que esa modalidad comience con Magario pero pueda, al término de un año, pasar a un Intendente de otro color político entre los que también se anota el massismo y propone para ello a Gustavo Saenz, intendente de Salta.
Aun quedan algunas semanas para la rosca, pero a priori, el oficialismo perdió una de las pulseadas políticas en las que se había involucrado con fuerza.
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