(Andrés Repeto TV) En marzo dio el paso definitivo al orquestar la salida de su decisivo partido de la coalición de un gobierno al que había llegado como número dos y del que salió como su principal verdugo. Como gran "traidor" y "jefe conspirador", según la mandataria.
Incluso con su jaque a la reina surtiendo efecto, Temer siguió trabajando entre bambalinas. Mientras a Rousseff se le escapaba su presidencia entre las manos, su vice diseñaba desde su residencia el desembarco al despacho del Palacio de Planalto.
Tanto que ensayó ante el espejo su discurso por si acababa con la banda presidencial cruzada en el pecho. En su segundo "descuido" desde que el sillón de Rousseff comenzó a tambalearse, se filtró un nítido audio en el que, con la voz solemne que da el poder, Temer se dirigía "al pueblo brasileño" proponiendo un "gobierno de salvación nacional". Faltaban seis días para la votación en la Cámara de Diputados.
El monólogo era también un guiño a los mercados, que le ven desde hace meses como el torniquete que puede frenar la hemorragia económica que dejó anémico al gigante sudamericano.
Michel Miguel Elias Temer Lulia nació en 1940 y creció en una chacra del interior paulista como el menor de ocho hermanos de una familia de inmigrantes libaneses católicos llegados a Brasil 15 años antes.
En la capital económica del país se convirtió en un prestigioso abogado constitucionalista -es autor de una obra de referencia que ha vendido más de 200.000 ejemplares- e inició la carrera que lo llevó a ser tres veces presidente de la Cámara de Diputados durante sus seis mandatos como legislador del PMDB.
Su distancia, sin embargo, siempre le apartó de los brasileños. Una encuesta de Datafolha mostró que en unas eventuales elecciones tendría entre 1% y 2% de intención de voto.
"Dicen que tengo que cambiar mis maneras, que soy demasiado ceremonioso. ¿Pero cómo? Siento envidia de quien hace bromas. Yo no sé hacer eso", contó a la revista Piauí en 2010.
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