Sábado, 15 de Mayo de 2021

Algunos datos de la ciencia argentina en perspectiva

Importante cantidad de científicos por habitante activo, gran impacto en las revistas internacionales, una inversión pública interesante y baja inversión privada en el sector, los tres ingredientes que ponen a Argentina en una situación peculiar: un formidable potencial humano con más rollo para despegar y necesitado de mejores condiciones para operar. Un pantallazo y análisis de la situación coyuntural.

29-07-2015


Por Hernán López
En las últimas semanas, el ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, valoró el nivel de los científicos argentinos por la calidad de su producción, un indicador interesante medido internacionalmente por distintas publicaciones. Comparado con otros países de la región, Argentina muestra perspectivas remarcables, aunque también hay varios puntos por mejorar.

Por empezar, según la revista Nature, el país cuenta con casi 3 científicos por cada 1.000 miembros de la población económicamente activa, una cifra que duplica a Brasil, triplica a Uruguay y cuadruplica a Chile, los tres inmediatos perseguidores regionales. E incluso supera largamente a China, por una diferencia de casi 2 a 1, otro número para tomar en consideración.

Por supuesto que el número está debajo de Estados Unidos, que supera los 8 investigadores por cada 1.000 miembros de la PEA, pero no dejar de sorprender la buena ubicación argentina. O tal no debería sorprender.

Eso no es todo. Nature también propone un índice para medir el impacto internacional de las investigaciones (citas y referencias en revistas y escritos de la academia internacional, sobre todo en el mundo anglosajón, método que algunos disputan), y los resultados son positivos para los científicos nacionales: Argentina tiene un nivel de 1.1 en ese ítem que contempla la excelencia de los trabajos, siendo 1 el promedio mundial y 0,8 el sudamericano.

Sólo Perú supera a Argentina y gracias a la cantidad de artículos publicados en conjunto con pares de otros países. Este país, en cambio, depende menos de las colaboraciones y el impacto es el más alto sin incluirlas.

En pocas palabras, Argentina tiene una cantidad importante de científicos y produce ciencia de calidad.

Aun así, hay algunos problemas insoslayables como, especialmente, la baja cantidad de patentes y la escasa inversión privada en Ciencia e Investigación, un dato que conspira contra el desarrollo de la producción local y -sobre todo- la producción aplicada. Argentina destina el 0,6 por ciento de su PBI a esos dos rubros fundamentales, pero casi todo procedente de la inversión estatal directa.

Otros países vuelcan entre el 2 y el 3 por ciento, en su mayoría comandado por la inversión del sector privado, como son los casos de Francia y Corea del Sur (Brasil, por ejemplo, destina el 1 por ciento). Si en Argentina hubiera un marco similar, el porcentaje del PBI sería también similar y el desempeño científico iría igualmente en alza: habría más investigadores, más producción científica y de mayor calidad en el ámbito local e internacional.

A esa misma conclusión llega Lino Barañao, cuando afirma: "La Argentina supera a toda América latina por la cantidad de publicaciones en el 1 por ciento superior de las revistas de mayor calidad. Por dólar invertido somos más eficientes que los investigadores europeos".

Argentina tiene la lleva para su desarrollo definitivo, es cuestión de destinar más fondos y aprovechar la capacidad de sus recursos humanos.

En palabras del mismo Barañao: "Hay una correlación entre el porcentaje del PBI y el número de investigadores; por lo tanto, uno tiene que ir aumentando el número de científicos no sólo en el sector público, sino también en el privado. A ese nivel de inversión se llega con un 0,6 por ciento de inversión por parte del Estado y un 1,4 por ciento del sector privado. Nosotros estamos en más de 0,6 por ciento del sector público".


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