Domingo, 19 de Abril de 2026
La consagrada escritora nicaragüense, a su paso por Buenos Aires para presentar su novela El intenso calor de la luna, dialogó con Buenos Aires 2 punto 0 sobre su pasado guerrillero y sus memorias del triunfo de la romántica Revolución Sandinista.
Por Sergio Varela
Nicaragua es un pequeño y hermoso país de 129.494 km2, ubicado en el istmo de Centroamérica. Su clima tropical oscila entre tiempos secos y áridos y una estación de las lluvias que humedece su suelo durante varios meses. Entre altos volcanes y tupidas selvas, ese país ha producido café exquisito y bananas, entre otros insumos agrícolas a los que fueron impulsados a proveer los países centroamericanos, víctimas del intervencionismo estadounidense cuando ese país todavía no había alcanzado su esplendor expansionista, y aún era una potencia de segundo orden (recién llegaría a su cenit imperialista luego de la Segunda Guerra Mundial). Aunque su colonialismo (alentado por la llamada "Doctrina Monroe" cuyo lema era: "América para los ?norte- americanos") ya había comenzado con la anexión de territorios mexicanos, la apropiación de territorio panameño (Nicaragua tenía propuestas para construir otro canal interoceánico), la isla de Hawai, Pekín (junto con otras potencias occidentales) y la tutela de Cuba y toda Centroamérica, convertida en una granja off shore al servicio de la producción norteamericana (cuando no de un lupanar apto para la ?doble-moral hipócrita de una sociedad con alta influencia de cuáqueros y puritanos, que se revolcaba con prostitutas fuera de sus fronteras).
Nicaragua, un pueblo de origen náhuatl (de cuyo idioma proviene la expresión "apapachar", por apapachoa, "abrazar con el alma"), recibe su nombre de la suma de palabras ni-can-atl-hua ("los dueños del agua"). Pero desde la conquista española primero, y la intervención estadounidense después, las palabras "dueño" y "Nicaragua" componían un oxímoron.
La primera invasión fue a través de una especie de ejército privado, una liga protofascista liderada por el corsario William Walker, quien se apropió del poder en 1855. En 1909 los marines invadieron el país, y se quedaron hasta 1933. El héroe de la rebelión que expulsó a los invasores fue Augusto César Sandino. El presidente surgido de esa rebelión, Sacasa, fue derrocado pocos años después, y reemplazado por el primer Anastasio Somoza, Tacho, quien iniciaría una dinastía familiar de dictadores, continuada por su hijo homónimo, pero apodado Tachito.
Tachito Somoza era un sanguinario dictador filonazi que masacró y asesinó a opositores durante décadas. En los años ´60, luego de la claudicación de los partidos tradicionales, un movimiento insurgente optó por la resistencia armada a la dictadura tutelada desde los Estados Unidos. Ese movimiento fue el Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, que reivindicaba la figura de Sandino como símbolo antiimperialista e independentista. La guerra civil duró más de 10 años, y culminó con la entrada en Managua de los insurgentes triunfantes el 19 de julio de 1979. Luego de ese triunfo, el sandinismo se mantuvo en el gobierno durante 5 años, a partir de los cuales llamó a elecciones democráticas (a diferencia de otras revoluciones que se enquistaron en el poder con una lógica dictatorial de izquierda no demasiado alejada de las dictaduras de derecha a las que habían desplazado). Erosionado por la acción de una guerrilla financiada por el gobierno de Ronald Reagan, los "contras", el pueblo nicaragüense votó extorsionado por ese accionar imperialista y en 1990 eligió a Violeta Chamorro para la presidencia, marcando la salida del poder del sandinismo, luego de haber implantado la democracia.
Aquella épica romántica fue conocida como "la revolución de los poetas", por la activa participación de artistas e intelectuales en aquella guerrilla, primero urbana y luego rural. Sus banderas rojinegras fueron un símbolo libertario que ?tal como la revolución cubana había influido en los ´60 en las organizaciones armadas de todo el continente, enfrentadas con las dictaduras proyanquis de aquella época- fueron usadas en nuestro país a principios de los ´80 por expresiones de resistencia a los últimos tramos de la dictadura cívico militar (como el Partido Intransigente o la línea interna Intransigencia y Movilización Peronista).
Una de las protagonistas de la Revolución Sandinista fue la escritora y poeta Gioconda Belli, quien luego del triunfo de la revolución cumplió funciones en el Ministerio de Cultura nicaragüense, y más tarde se distanció del sandinismo. Pero fue testigo y protagonista de un movimiento histórico. De visita en Buenos Aires para presentar su más reciente novela, El intenso calor de la luna, conversó con Buenos Aires 2 punto 0 sobre su pasado guerrillero, sobre Marx, Lenin, y su idea de construir una nueva "izquierda erótica", que genere cambios de estructura profundos desde la familia y el hogar.
¿Cómo fue tu acercamiento a la política, en tu familia había antecedentes de semejante grado de apasionamiento por las cuestiones sociales y publicas?
Sí, había mucha efervescencia política en mi casa. Mi familia fue siempre muy antisomocista. Yo tengo el recuerdo, de niña, de haber ido a visitar a tíos míos que estaban asilados en embajadas, y en las sobremesas familiares escuchar historias de otros tíos a quienes los habían golpeado en manifestaciones contra Somoza. Eso desde que yo tenía 11 años y hasta los 15 o 16. Cuando tenía 17 años mataron a un chico que me estaba enseñando a manejar, que trabajaba de chofer en mi casa. Lo mataron en una masacre que ordenó Somoza, y también casi matan a mi hermano en ese episodio. Es decir que yo estaba absolutamente consciente de que estábamos viviendo bajo una dictadura sanguinaria. Pero no sabía, no encontraba qué hacer. Porque todas las alternativas se fueron maleando.
¿Qué fue lo que te atrajo del sandinismo, y cómo es tu recuerdo de la Revolución, un proceso que las generaciones más jóvenes argentinas desconocen y fue una de las épicas más románticas de la historia del continente en la segunda mitad del siglo XX?
Lo que pasó fue que para mi generación quedó todo muy claro en esa masacre, que fue el 22 de enero de 1967, en Managua. Somoza se iba a reelegir, y hubo una manifestación de protesta, donde la gente se sentó en la calle, y dijeron que no se iban a mover hasta que Somoza no renunciara a su candidatura, porque era inconstitucional. Y entonces alguien se movió entre los manifestantes y un guardia disparó contra la multitud. Eso ya fue el detonante. La Guardia empezó a bajar desde donde estaba cercando el lugar y empezó a disparar a mansalva. No se sabe exactamente cuántas personas murieron ese día, pero fueron más de 300. Y qué pasó. En vez de que la dirigencia opositora se indignara, se fueron a refugiar a un hotel cinco estrellas, el Gran Hotel, y llamaron al embajador estadounidense para que intercediera frente a Somoza. De esa intercesión, salió un "gobierno tripartito". Compuesto por Somoza y los dos partidos tradicionales opositores. Fue algo horrible, la dirigencia política había pactado con el dictador. Eso fue un hito para mi generación, que tomó conciencia de que no había opciones por la vía democrática. Y el Frente Sandinista ya estaba empezando a hacer acciones guerrilleras. Yo me dije: aquí ya no hay nada que hacer, más que la lucha armada.
Claro que nos costaba, porque eran desalmados con el Frente Sandinista, con todos los compañeros. Somoza había dado la orden de que "Sandinista capturado era sandinista muerto". Él no quería tener presos políticos.
La cosa fue que nos metimos todos poco a poco. Me acuerdo de que yo entré en 1970 a la guerrilla urbana en ese momento. Y creíamos que éramos un montón, porque la información estaba muy compartimentada. Al final resultó que empezamos bien pocos, realmente. Eran poquísimas células las que había. Pero teníamos un espíritu bien fraterno. Creo que lo mejor de todos nosotros afloró durante esa época. Se crearon unos lazos tremendos de hermandad y solidaridad, y era una gente extraordinaria. Realmente lo triste de la Revolución fue que cuando llegamos al final, la mejor gente se había muerto en la lucha. Fueron matando a los mejores dirigentes que teníamos.
¿Cómo ves a Latinoamérica hoy, teniendo en cuenta que hay una gran cantidad de países con gobiernos que tienen una visión latinoamericanista, de la que la revolución nicaragüense fue casi precursora?
Siento que nos falta un paradigma. Creo que hemos perdido la imaginación. Porque veo una izquierda que en vez de reformular una visión de izquierda, está refugiándose en ciertos dogmas que ya están superados. Entonces, creo que es una izquierda que ha perdido el marxismo y se ha refugiado en lo más leninista, en la visión del partido único, la vanguardia, y todas esas cosas que tal vez en los tiempos de los soviets podían tener una razón de ser, pero que ahora ya no se relacionan con la realidad actual. Que para mi punto de vista fue el error de Lenin, porque Marx jamás se planteó ese tipo de organización. Entonces, a mí me parece que es una lástima, porque este modelo populista, autoritario, que es lo que veo que está pasando, va a tener una parte positiva, que es que por lo menos está logrando aplicar programas sociales y mejoras económicas, que me parece muy bien como respuesta a toda la época neoliberal que vivimos antes. Pero espero que de esos programas sociales aparezcan nuevos dirigentes, y gente que tenga oportunidad de acceder y de implementar otro tipo de enfoque. De momento, creo que los intelectuales nos hemos quedado muy paralizados, muy críticos y muy poco propositivos.
¿Cómo fue tu relación con el sandinismo una vez en el gobierno? A qué se debió tu distanciamiento y fuerte oposición a la actual versión de Daniel Ortega?
Bueno, se debió a que desde que se dio la derrota electoral (en 1990, a manos de la derechista Violeta Chamorro, propietaria del diario tradicional La Prensa, quien encabezó la coalición UNO, tutelada por Estados Unidos), una parte de nosotros empezó a plantear que debíamos reformular el sandinismo, reformarlo. Y todos esos planteos fueron recibidos con resistencia, como que queríamos dividir al sandinismo. A todos los que teníamos posiciones críticas, o demandábamos cierta renovación nos decían que éramos "unos intelectuales teóricos" y que "todos teníamos que asumir la responsabilidad parejo". Ese tipo de discurso. Eso se fue haciendo cada vez más virulento. Nos empezaron a insultar. Yo renuncié en solidaridad con Ernesto Cardenal (legendario poeta, uno de los símbolos culturales internacionales de la Revolución, ministro de Cultura del gobierno revolucionario). Porque cuando Ernesto renunció, fue tal el desprecio con que lo trataron, el desdén con que lo trató Daniel Ortega fue tan increíble. Estamos hablando de Ernesto Cardenal. "Bueno, si él quiere renunciar que renuncie", decía Daniel Ortega, con una actitud como si no les importara nada. Entonces yo me dije: No. Yo también me voy.
¿Cómo es el programa de tu partido: el Partido de la Izquierda Erótica? ¿Cuáles son sus objetivos?
(Se ríe). Bueno, el Partido de la Izquierda Erótica es más imaginación que realidad. (Piensa, se queda un largo momento en silencio) Me debería dedicar a hacerlo (vuelve a reír). La idea es cambiar la naturaleza del poder. Porque el problema no es que las mujeres lleguen al poder. El problema es que mientras las mujeres lleguen al poder y lo sigan ejerciendo como hombres, no ganamos nada. Yo pienso que la mujer tiene un acumulado histórico de experiencia de cuido, de experiencia de negociación, que podría ser muy útil en estos tiempos. El hombre ya ha estado un montón de tiempo en el poder, y el mundo no está nada bien. Entonces quizás haya llegado un buen momento de recambio, de alternancia de género. El programa para mí pasa por reinventar una organización social donde la familia y el trabajo no estén disociados. Porque mientras eso siga así, la mujer no va a poder participar plenamente en la sociedad. Y estamos perdiendo la capacidad de ese alto porcentaje de la población. Además de que las generaciones futuras no se están beneficiando de la presencia del padre. De una educación donde vean desde niños que no existe un ser que está disminuido o explotado. Una concepción igualitarista desde el hogar, que fuera más comunitaria la crianza de los hijos, y que dejáramos de pensar en el crecimiento económico en base al consumo. He tratado pero no he logrado convencer a mucha gente, de hacer el partido. Aunque sea como broma, por jugar. Para rescatar el sentido lúdico de la política, que se ha vuelto una cosa tan espantosa. Y podría ser una cosa linda, y divertida.
¿Cómo ves a la Argentina hoy, desde tu óptica?
Es bien difícil. No sé cómo veo a la Argentina. Porque por un lado tengo una visión de que hay muchos problemas económicos que no los entiendo. Porque habían logrado pagar la deuda externa, y ahora tienen ese problema con los fondos buitres. Es enredado.
La región ha vivido procesos políticos muy homogéneos en el pasado: procesos de despolitización de la sociedad en toda Latinoamérica: a través de dictaduras primero y de gobiernos neoliberales después. Hoy las sociedades se volvieron a politizar. Vos que fuiste parte de una época donde se luchaba con mucha convicción por derechos e ideologías, ¿cómo vivís este momento?
Con mucho desconcierto. Pero no desesperanza. Yo pienso que las necesidades existen. Y que mientras existan las necesidades, va a producirse un pensamiento que las va a intentar resolver. Lo que pasa es que está muy disperso. Lo que siento es que vivimos una época en la que estamos deslumbrados por la tecnología. Y donde tenemos que encontrar el equilibrio. Porque creo que esa tecnología nos ha dispersado y distraído muchísimo la mente. Como que, a pesar de que tenemos los instrumentos para hacer una gran convocatoria, y podernos articular y lograr hacer algo juntos todos, todavía no logramos encontrarle esa función a los instrumentos.
¿Cómo ves el rol actual de los medios de comunicación, en un momento en que ya no son testigos, sino articuladores de la realidad?
Creo que es un momento de gran cambio en los medios de comunicación, porque se está dando cada vez más participación de la gente a través de medios alternativos y las redes sociales. Aunque hay que revalorizar el rol profesional del periodismo, si bien estos medios alternativos son una forma ciudadana de respuesta a las corporaciones mediáticas, que son terribles.
A partir de tu experiencia, ¿qué consejos o sugerencias le transmitirías a los jóvenes que empiezan a interesarse por la política?
En primer lugar, yo pienso que tienen que creer. Y usar más la imaginación. Que se salgan de la caja. Creo que el gran reto es imaginar la política de otra manera, porque yo pienso que ellos están cansados de verla como existe. Pero en vez de decir "esto no sirve", hay que reimaginarla y reinventarla.