Domingo, 19 de Abril de 2026
Don Jerónimo Izetta, como lo recuerdan los municipales, condujo la federación histórica por cuatro décadas. Después de su muerte, su sucesor Alfredo Atanasof cedió más de la cuenta y selló el complicado presente de los empleados comunales. Irrumpió la FESIMUBO que, esta semana, festejó la aprobación de una nueva ley que ellos mismos auspiciaron. Todo un recorrido.
Por Hernán López
La aprobación del nuevo estatuto, que implica la derogación de la Ley 11.757 y la admisión de derechos inéditos para los empleados municipales, marca un antes y un después para un sector todavía conmovido por algunos episodios ocurridos en las dos últimas décadas, ligados a su conducción sindical. Esto comienza con la muerte de su histórico referente, Jerónimo Izetta, a principios de los noventa.
Izetta impulsó la creación de la Federación de Trabajadores Municipales a fines de lo cuarenta y fue el conductor hasta su fallecimiento, con el reconocimiento de casi todos su pares por varias décadas y una candidatura a diputado provincial en 1962. Pero con su deceso terminó de escalar posiciones un dirigente que venía en ascenso desde hacía varios años, Alfredo Atanasof, líder de los municipales platenses e integrante del Consejo Directivo dentro de la federación.
Atanasof heredó la agrupación, aunque dio un giro de 180 grados en pocos años. Su rol resultó fundamental para la sanción de la ahora vieja normativa, con un marco desfavorable para sus propios representados: la antigua legislación fue aprobada en diciembre de 1995, con el sello de Eduardo Duhalde y los intendentes -sus eternos aliados- pero también la vista gorda del gremialista que, años más tarde, recibió su merecido premio y terminó como Jefe de Gabinete del ex Gobernador bonaerense, durante su interinato en la Casa Rosada.
Los resultados de esa embestida están a la vista. Los municipales son los empleados con peores remuneraciones en toda la esfera pública, no cuentan -hasta ahora- con derecho a paritarias, perdieron el 3 por ciento en concepto de antigüedad y abundan los contratos temporales, que en algunos distritos, como Tigre, abarcan al 90 por ciento de la nómina.
Sin embargo, los descalabros de Atanasof no fueron gratuitos para su feudo, que perdió terreno en los 20 últimos años.
El dato más reciente viene de 2010, cuando cayó ante su otrora segundo, Oscar Ruggiero, dirigente de Tres de Febrero que maneja la federación hasta la actualidad. Pero el más saliente de la última década es, quizá, la irrupción de un contrapeso como el que supone la Federación de Sindicatos Municipales Bonaerenses (FESIMUBO), a cargo de Rubén García, hijo de otro hombre recordado -sobre todo en sus pagos, Avellaneda- por el sector, Carlos García.
A base de un estilo más fiel a la anterior conducción, la FESIMUBO ganó parte del recorrido perdido por la Federación de Trabajadores Municipales histórica, aunque esta última conserve la mayoría. La sanción de la nueva ley deja bien parado al "Cholo" García y su tropa, especialmente a quien es ahora su mano derecha, el diputado Hernán Doval, que presentó el proyecto convertido en ley esta última semana.
Los tiempos del liderazgo indiscutido, que logró Izetta en sus mejores épocas, quedaron atrás. El manejo del sector está ahora repartido y el avance de García con su FESIMUBO es un factor que atemoriza a Ruggiero y algunos alcaldes.