Viernes, 4 de Diciembre de 2020

Refugio de la tormenta

El estreno de Refugiado, de Diego Lerman, con Julieta Díaz en el papel protagónico, refleja la problemática de la violencia doméstica con un excelente ritmo narrativo. La película recibió elogios en el Festival de Cannes y el de San Sebastián.

14-11-2014


Por Sergio Varela
Desde los tiempos de las tragedias griegas, uno de los mejores recursos para contar una buena historia es mostrar a los personajes en un espacio interior, mientras evitan los peligros que provienen del exterior. Desde Los persas, de Esquilo, tragedia que refleja la trastienda del momento en que los reyes persas reciben las noticias de los avances de los griegos durante las Guerras Médicas, esa fórmula sigue teniendo una vigencia imbatible para crear suspenso.
Si a ese recurso se le agrega el punto de vista de un chico de 7 años, estamos ante la perspectiva de un excelente relato. Ese es el punto de partida de Refugiado, la nueva película de Diego Lerman, que se estrena el 14 de noviembre, luego de un paso colmado de reconocimientos por festivales tan prestigiosos como Cannes y San Sebastián.
El recurso de la mirada infantil también ha dado provechosos resultados dramáticos en filmes inolvidables (y también recomendables), como Las largas vacaciones del ´36, del español Jaime Camino, que muestra una familia de clase media alta catalana, pero fervientemente republicana, que no puede volver de su casa de veraneo en la playa porque ha estallado la Guerra Civil, y permanecen escondidos allí durante la contienda desatada por el alzamiento fascista de Francisco Franco, de la cual nos enteramos por las noticias del "afuera" como los reyes persas de la tragedia de Esquilo. En nuestro país, Kamchatka, de Miguel Piñeyro, muestra la fuga de una pareja de militantes, provisoriamente escondidos en una casa quinta prestada "por el amigo de un amigo de un amigo, a quienes no conozco" al inicio de la última dictadura cívico-militar, y la vida cotidiana de esa familia narra la amenaza ominosa de aquel ejército de ocupación de su propio país, a quien los dos hijos de 10 y 12 años de la pareja, desde quienes se cuenta la historia, comparan con los implacables extraterrestres de la serie Los invasores, un éxito de los ´60.
En Refugiado, la amenaza no es pública, sino privada. El hijo de 7 años de Laura, una abogada que comparte el estudio con su ex marido, al volver a su casa luego de una fiesta de cumpleaños, la encuentra inconsciente en el suelo, luego de una golpiza de aquél. Cuando ella despierta, emprende la fuga con su hijo, pasando 48 horas en un refugio para mujeres golpeadas, desde donde debe replantearse toda su vida a partir de ese momento, pero no en un plano teórico de los conflictos, sino en la concreta y urgente resolución de problemas de supervivencia. Esa fuga es observada desde el punto de vista de Matías, el niño, para quien todo lo que era seguro se vuelve peligroso, pero al mismo tiempo percibe esa fuga como una aventura casi lúdica. Un excelente formato, en el que la violencia no es explícita, pero se percibe como tensión cercana, al que se suma como acierto la extraordinaria actuación de Julieta Díaz en el papel protagónico de esta víctima-heroína. Díaz ha tenido conocidas actuaciones en comedias del prime time televisivo, pero también memorables interpretaciones de Evita (en Juan y Eva) o de Norma Arrostito (en Gaby, la montonera), y su capacidad actoral logra que este personaje no transmita debilidad trágica o resignación a su rol de víctima, sino una fortaleza, incluso corporal, que dota de mayor complejidad a un relato sobre una problemática que cunde por estos días en nuestro país. Incluso, debería hablarse ya de "violencia doméstica" y no de "violencia de género", porque los maltratos y abusos en el ámbito privado no son privativos de los hombres hacia las mujeres, y existen numerosos casos donde la situación de abuso de poder y desvalorización psicopática del otro provienen simétricamente de la mujer hacia el hombre.
Refugiado, de Diego Lerman es una excelente película en lo estético, y una buena llamada de atención sobre un problema social de la época. Merece que se la vea en su primera semana, que es la que define su continuidad en cartel. Es un gesto de solidaridad con el, hasta no hace mucho, tan maltratado cine argentino, "golpeado" por las reglas de distribución impuestas por las productoras de los tanques de Hollywood.


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