Manuel Adorni renunció a la Jefatura de Gabinete y dejó el Gobierno de Javier Milei en medio del mayor escándalo político que atravesó desde su llegada al poder.
La salida se confirmó este sábado por la tarde, después de semanas de revelaciones sobre su patrimonio, una investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito y una creciente presión política que terminó por debilitar el respaldo que el funcionario había recibido del Presidente.
Adorni anunció su decisión a las 18.38 a través de una extensa carta publicada en sus redes sociales, después de haberse reunido con Milei en la Quinta de Olivos.
"Por primera vez desde aquel 10 de diciembre de 2023 voy en contra de su voluntad", escribió al dirigirse al Presidente.
En el texto, el ahora exjefe de Gabinete sostuvo que fue tratado como "delincuente y corrupto" y negó haber cometido hechos de corrupción.
También atribuyó su renuncia al impacto que el escándalo tuvo sobre su entorno.
"No puedo seguir exponiendo a gran parte de la gente que quiero a esta carnicería mediática", afirmó.
La explicación, sin embargo, llegó después de más de tres meses de revelaciones y contradicciones que fueron complicando su situación política y judicial.
El escándalo comenzó con las dudas sobre un nivel de gastos que parecía difícil de compatibilizar con sus ingresos declarados. Viajes al exterior, compras, movimientos patrimoniales y operaciones inmobiliarias quedaron bajo la lupa.
El punto más delicado llegó cuando Adorni debió rectificar sus declaraciones juradas e incorporar alrededor de medio millón de dólares que no figuraban en sus presentaciones originales.
El funcionario sostuvo que el dinero provenía de ahorros no declarados y de ganancias obtenidas mediante inversiones en Bitcoin realizadas años antes de ingresar al Gobierno.
La explicación abrió nuevas preguntas.
Semanas antes, cuando se había presentado ante el Congreso, Adorni había asegurado que en sus declaraciones juradas figuraban todos sus bienes y que nunca había existido ocultamiento alguno.
La posterior incorporación de más de 500 mil dólares dejó expuesta una contradicción que terminó de colocar el caso en el centro de la agenda política.
A pesar de las críticas, Milei lo defendió hasta último momento.
Un día antes de la renuncia, el Presidente había afirmado desde Madrid que creía en la honestidad de su jefe de Gabinete y que la explicación sobre el origen de su patrimonio le parecía "absolutamente plausible".
Incluso había asegurado que respaldaba a sus ministros "hasta las últimas consecuencias".
Pero también había dejado una frase que mostró por primera vez un límite a ese apoyo: si la Justicia lo encontraba culpable, dijo, lo echaría "de una patada".
La presión sobre Adorni ya no provenía solamente de la oposición.
El PRO había anunciado que acompañaría su interpelación en el Congreso y Mauricio Macri había endurecido públicamente su posición. Dentro del propio Gobierno también crecían los sectores que consideraban que la continuidad del jefe de Gabinete se había convertido en un problema político.
El caso amenazaba con paralizar la agenda legislativa y profundizaba las tensiones dentro del oficialismo.
Finalmente, Adorni dejó el cargo.
Su renuncia representa un golpe especialmente sensible para un Gobierno que construyó buena parte de su identidad política sobre la promesa de terminar con los privilegios y las prácticas de la denominada "casta".
Adorni había sido uno de los principales voceros de ese discurso.
Desde el inicio de la gestión libertaria se convirtió en una de las figuras más visibles del Gobierno, primero como portavoz presidencial y luego como jefe de Gabinete.
Su salida se produjo después de que las dudas sobre su patrimonio, sus gastos y el origen de su dinero terminaran por convertirlo en uno de los principales problemas políticos de la administración Milei.
En su carta de despedida, aseguró que se iba con "la conciencia limpia" y prometió demostrar su inocencia ante la Justicia.
"Gracias por su confianza, Presidente. Ha sido un verdadero honor. Fin", cerró.
Al terminar este sábado, el Gobierno todavía no había confirmado oficialmente quién ocuparía la Jefatura de Gabinete. El nombre de Diego Santilli aparecía como el que reunía mayor consenso dentro del oficialismo, aunque la sucesión seguía abierta.
Milei intentó sostener a Adorni hasta el final.
Pero esta vez, el escándalo pudo más que el respaldo presidencial.
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