Jueves, 16 de Julio de 2026

El ajuste amenaza con provocar una nueva fuga de cerebros

Investigadores advirtieron que la Argentina atraviesa el nivel más bajo de inversión en ciencia y tecnología de las últimas décadas. Con salarios que perdieron cerca del 40% de su poder adquisitivo y cientos de puestos de trabajo en riesgo, crece el temor de perder a una generación completa de científicos.

26-06-2026



El ajuste del Gobierno de Javier Milei sobre el sistema científico argentino amenaza con provocar una nueva fuga de cerebros. Investigadores y trabajadores del sector advierten que la falta de inversión, la caída de los salarios y la incertidumbre laboral están empujando a científicos formados en el país a buscar oportunidades en el exterior.

"Nunca tuvimos tan poca inversión en ciencia y tecnología", alertó Valeria Levi, vicedecana de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires e investigadora del CONICET.

La científica advirtió que la situación alcanzó un punto crítico y convocó a la comunidad a movilizarse para defender el sistema científico nacional.

El deterioro se refleja en los salarios. Desde la llegada de Milei al Gobierno, los trabajadores del sistema científico perdieron alrededor del 40% de su poder adquisitivo.

A la caída de los ingresos se suma la incertidumbre laboral.

Cientos de puestos de trabajo se encuentran amenazados y muchos jóvenes investigadores no tienen garantías de poder continuar sus carreras dentro del sistema.

El riesgo, advierten desde la comunidad científica, no es solamente que algunos profesionales decidan irse del país.

El problema es que la Argentina puede perder una generación completa de investigadores.

"Por no pagar vamos a perder a toda una generación de investigadores", lamentó Levi.

La formación de un científico requiere años de inversión pública. En muchos casos, el Estado financia carreras universitarias, becas doctorales, posdoctorados y proyectos de investigación durante más de una década.

Cuando esos profesionales abandonan el sistema o emigran, el país pierde capacidades que tardaron años en construirse.

Y recuperarlas no es sencillo.

La historia argentina ya conoce las consecuencias de la fuga de cerebros. En distintos momentos, las crisis económicas, la persecución política y el desfinanciamiento empujaron a miles de científicos a desarrollar sus carreras en otros países.

Ahora, los investigadores advierten que ese fenómeno puede repetirse.

La diferencia es que la salida no responde a la falta de talento ni de formación.

La Argentina continúa produciendo científicos reconocidos internacionalmente. El problema es que el sistema que los formó ya no puede garantizarles condiciones para trabajar.

Laboratorios con dificultades para sostener proyectos, salarios cada vez más bajos y falta de perspectivas para los jóvenes investigadores forman parte de una crisis que se profundiza.

El ajuste alcanza a organismos como el CONICET y también a las universidades nacionales, donde se desarrolla una parte central de la investigación científica del país.

La comunidad científica cuestiona además la idea de que el recorte sea simplemente una política de ahorro.

Desarmar equipos de investigación puede llevar pocos meses. Reconstruirlos puede demandar décadas.

Detrás de cada científico que abandona el sistema hay años de formación, recursos públicos invertidos y conocimiento acumulado que puede terminar siendo aprovechado por otros países.

La discusión, por eso, va mucho más allá del presupuesto de un organismo.

Se trata de definir qué lugar tendrá el conocimiento en el modelo de país.

Mientras el mundo compite por desarrollar nuevas tecnologías, inteligencia artificial, biotecnología, energía y medicina, la Argentina corre el riesgo de expulsar a quienes podrían protagonizar esos avances.

El ajuste puede reducir una partida presupuestaria en el corto plazo.

Pero si el resultado es perder a una generación de científicos, el costo para el país se medirá durante décadas.
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