Jueves, 16 de Julio de 2026

Un estudio de la UNLP pone en duda la fuerte baja de la pobreza que celebra Milei

Investigadores de la Universidad Nacional de La Plata advirtieron que la reducción registrada por las estadísticas oficiales podría estar sobreestimada por cuestiones metodológicas. Al aplicar distintas correcciones, la caída superior a los 10 puntos se reduciría a apenas 1,7.

17-06-2026



La fuerte baja de la pobreza se convirtió en uno de los principales argumentos del Gobierno de Javier Milei para defender los resultados de su programa económico. Sin embargo, un estudio de investigadores de la Universidad Nacional de La Plata puso en discusión la magnitud real de esa mejora.

El trabajo advierte que una parte importante de la reducción que muestran las estadísticas oficiales podría estar vinculada con la forma en que se mide la pobreza y no necesariamente con una recuperación equivalente de las condiciones de vida de los hogares.

La investigación fue realizada por Iván Albina, Leonardo Gasparini y Leopoldo Tornarolli, especialistas del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales, dependiente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP.

Los investigadores analizaron la evolución de la pobreza entre fines de 2023 y mediados de 2025, un período en el que las estadísticas mostraron una caída superior a los 10 puntos porcentuales.

El interrogante que plantea el estudio es contundente: durante ese mismo período no se registraron mejoras extraordinarias en el empleo, los salarios o el gasto social que permitan explicar por sí solas una reducción tan pronunciada.

El trabajo no cuestiona la validez de los datos publicados por el INDEC, sino que analiza tres aspectos de la metodología que pueden alterar significativamente los resultados, especialmente en contextos de alta inflación y fuertes cambios de precios.

El primero es el desfasaje temporal entre los ingresos que declaran los hogares en la Encuesta Permanente de Hogares y los precios que se utilizan para calcular la Canasta Básica Total.

Los ingresos informados suelen corresponder al mes anterior a la entrevista, mientras que la canasta se valoriza con los precios del mes en curso. Cuando la inflación es muy alta, esa diferencia puede hacer que los ingresos aparezcan más atrasados frente a los precios y elevar la pobreza medida.

Cuando la inflación se desacelera, el efecto se revierte y la reducción de la pobreza puede aparecer como mucho más pronunciada.

Al corregir solamente ese desfasaje, la baja de más de 10 puntos se reduce a poco más de 7,5.

El segundo factor es el subreporte de ingresos. Muchas personas no declaran la totalidad de sus recursos en las encuestas y ese comportamiento no se mantiene necesariamente estable a lo largo del tiempo.

Si en un determinado período la encuesta logra captar una mayor proporción de ingresos que antes quedaban sin registrar, puede mostrar una mejora estadística aunque los hogares no hayan experimentado un aumento equivalente en su poder adquisitivo.

Al ajustar ese factor, la reducción de la pobreza pasa de más de 10 puntos a algo más de 6.

El tercer elemento analizado es la canasta utilizada para definir la línea de pobreza. Los patrones de consumo que sirven como referencia tienen casi dos décadas y no reflejan completamente los cambios que se produjeron en los gastos de las familias.

En los últimos años aumentó, por ejemplo, el peso de las tarifas, el transporte y los alquileres sobre los presupuestos familiares.

El resultado más fuerte aparece cuando los investigadores combinan las tres correcciones.

En ese escenario, la reducción de la pobreza entre fines de 2023 y mediados de 2025 sería de apenas 1,7 puntos porcentuales, muy lejos de la caída superior a los 10 puntos que muestran las estadísticas oficiales.

El estudio no sostiene que la pobreza no haya bajado. Plantea algo diferente y políticamente relevante: que la magnitud de la mejora podría estar sobreestimada.

La discusión golpea uno de los principales argumentos económicos del Gobierno nacional.

Milei presenta la reducción de la pobreza como la demostración de que el ajuste inicial dio paso a una recuperación social. Pero el trabajo de la UNLP advierte que una parte de esa mejora podría explicarse por la interacción entre inflación, ingresos declarados y una metodología que necesita ser revisada.

La discusión no es solamente estadística.

Si la pobreza bajó mucho menos de lo que indican los números oficiales, también cambia el diagnóstico sobre la situación social de la Argentina y sobre el impacto real del programa económico.

Porque medir la pobreza no consiste solamente en contar cuántas personas quedan de un lado o del otro de una línea.

También implica determinar si las estadísticas reflejan lo que ocurre en la vida cotidiana de millones de argentinos.
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