Jueves, 16 de Julio de 2026

El consumo de carne cayó al nivel más bajo de los últimos 20 años

El consumo por habitante se redujo a 47,5 kilos anuales y bajó 6,1% en un año. La pérdida del poder adquisitivo y el aumento de los precios obligan a las familias a comprar menos carne vacuna y reemplazarla por opciones más económicas.

16-06-2026



El consumo de carne vacuna volvió a caer en la Argentina y alcanzó el nivel más bajo de los últimos 20 años. En un país que hizo de la carne parte de su identidad y de su cultura, cada vez son más las familias que deben reducir su consumo o reemplazarla por alimentos más baratos.

Según el último informe de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina, el consumo per cápita se ubicó en 47,5 kilos anuales por habitante.

El dato representa una caída del 6,1% en comparación con el año anterior y una reducción de 3,1 kilos por persona.

La situación se vuelve todavía más contundente cuando se observa el consumo total del mercado interno.

Entre enero y mayo, los argentinos consumieron 855.750 toneladas de carne vacuna, un 11,1% menos que durante el mismo período del año pasado. En términos concretos, fueron más de 106.000 toneladas menos destinadas a la mesa de las familias.

La explicación principal está en los bolsillos.

La pérdida del poder adquisitivo y el fuerte aumento que acumuló la carne vacuna obligaron a los hogares a modificar sus hábitos de consumo. Para muchas familias, comer carne con la frecuencia de otros años se volvió directamente imposible.

El precio de los cortes vacunos aumentó muy por encima de la inflación general. Mientras el Índice de Precios al Consumidor acumuló una suba interanual del 33,2%, la carne vacuna aumentó cerca del 58% en el mismo período.

La diferencia ayuda a explicar por qué el consumo continúa retrocediendo aun cuando algunos cortes registraron pequeñas bajas durante mayo.

El asado, por ejemplo, tuvo una caída mensual del 1,6% y alcanzó un precio promedio de $17.237 por kilo. El cuadril se ubicó por encima de los $21.000, al igual que la nalga, mientras que la carne picada común superó los $10.000 por kilo.

Frente a esos valores, el pollo y el cerdo ganan cada vez más lugar en la mesa de los argentinos.

La diferencia de precios es considerable y empuja a las familias a reemplazar la carne vacuna por proteínas más económicas. Ya no se trata solamente de una modificación en las preferencias de los consumidores, sino de una decisión determinada por el poder de compra.

La caída del consumo interno contrasta, además, con lo que ocurre con las exportaciones.

Mientras los argentinos comen menos carne, las ventas al exterior aumentaron. Entre enero y mayo se exportaron alrededor de 312.200 toneladas res con hueso, un 5,1% más que durante el mismo período del año anterior.

El crecimiento estuvo impulsado especialmente por la demanda de Estados Unidos.

El resultado muestra dos caras de una misma actividad: un mercado externo que compra más carne argentina y un mercado interno que cada vez puede consumir menos.

La producción también se redujo. Durante los primeros cinco meses del año alcanzó 1,168 millones de toneladas res con hueso, un 7,3% menos que en el mismo período de 2025.

El Gobierno de Javier Milei suele exhibir la desaceleración de la inflación como una señal de recuperación económica. Pero los datos del consumo vuelven a mostrar una realidad diferente en la vida cotidiana.

Los argentinos no dejaron de comer carne porque cambiaron sus gustos.

Comen menos porque no pueden pagarla.

Y en el país que durante décadas fue uno de los mayores consumidores de carne vacuna del mundo, la caída a su nivel más bajo en 20 años se convierte en una de las imágenes más contundentes del deterioro del poder adquisitivo.
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