A un año de la muerte de Papa Francisco, la Basílica de Basílica de Luján se convirtió en el principal escenario de homenaje en el país, con una masiva convocatoria que reunió a dirigentes políticos, organizaciones sociales y referentes del peronismo.
La ceremonia estuvo marcada por una fuerte impronta política y simbólica: el legado del pontífice argentino fue reivindicado como una referencia en defensa de los sectores más vulnerables, en contraste con el actual escenario económico y social.
Entre los presentes estuvieron el gobernador bonaerense Axel Kicillof, el ministro del Interior Eduardo "Wado" de Pedro, el dirigente social Juan Grabois y legisladores nacionales y provinciales vinculados al peronismo.
En este marco, Kicillof destacó el rol de Francisco como guía moral en tiempos de crisis: "Francisco fue la voz de los que no tienen voz, un faro en defensa de la justicia social y la dignidad humana", sostuvo tras la ceremonia.
En la misma línea, Grabois remarcó el posicionamiento del Papa frente a las desigualdades: "Nos enseñó que la economía tiene que estar al servicio del ser humano y no al revés", afirmó, en referencia a uno de los ejes centrales del pensamiento del pontífice.
También hubo una lectura política del presente. De Pedro señaló: "Recordar a Francisco hoy es también discutir qué modelo de país queremos: uno con inclusión o uno que deja a millones afuera".
La jornada no estuvo exenta de tensiones políticas. La vicepresidenta Victoria Villarruel decidió no asistir al homenaje en Luján, en lo que distintos sectores interpretaron como una decisión para evitar compartir una foto con el vocero presidencial Manuel Adorni, presente en actividades oficiales vinculadas a la conmemoración.
La ausencia fue leída como un nuevo capítulo en la interna del oficialismo, que volvió a colarse incluso en un evento de fuerte carga simbólica como el recuerdo de Francisco.
El homenaje, además de lo religioso, tuvo un claro contenido político. En distintos discursos se recuperaron conceptos centrales del Papa, como la crítica a la "cultura del descarte", la defensa del trabajo y el rol del Estado para garantizar derechos.
En ese contexto, la figura de Francisco volvió a aparecer como un punto de referencia en el debate actual: un liderazgo global que puso en el centro la inclusión social, en un momento donde la Argentina atraviesa un escenario de ajuste, caída del poder adquisitivo y creciente desigualdad.
A un año de su muerte, el homenaje en Luján dejó en claro que su legado sigue siendo un terreno de disputa política y simbólica, atravesado por las tensiones del presente.
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