Miércoles, 1 de Abril de 2020

Los dilemas de la UCR frente a la Convención de marzo

El enigma de la oposición, particularmente en el Frente Amplio UNEN, ponen a los radicales frente a un escenario poco frecuente en años reciente: un escenario de protagonismo. El radicalismo en el sistema electoral argentino, en año de transición.

16-02-2015



Por Hernán López
La alianza estratégica entre el PRO y Elisa Carrió, que competirán en las primarias dentro de un frente común, y el paulatino debilitamiento de UNEN pusieron a la Unión Cívica Radical en el centro de la discusión política, como pocas veces durante los 15 últimos años. A un mes para la Convención Nacional del centenario partido, la decisión que tomen sus hombres será central a la hora de mirar el tablero electoral del año, especialmente dentro del espectro no peronista.

La reunión partidaria, por empezar, pondrá en juego el liderazgo de Ernesto Sanz, quien tomó las riendas del espacio en diciembre del 2013 y en más de un año no sacó demasiado provecho de su condición. Por el contrario, ese rol fue para los dirigentes del nivel intermedio, es decir, los referentes provinciales que llegan a este año con la expectativa de ganar en sus provincias y fueron seducidos por el macrismo y el Frente Renovador.

Esa es una de las aristas por tratar en el plenario de marzo.

Pero el eje pasa por resolver si aceptarán acuerdos de alcance más amplio o, por el contrario, no saldrán del universo Frente Amplio UNEN.

Las aguas, ciertamente, están divididas. Algunos hablan de mantenerse dentro del FAUNEN para básicamente continuar con las mismas alianzas que en 2013, sólo que en todo el país, pero otros entienden que ese experimento fracasó y es tiempo de mirar por fuera de sus confines, especialmente a Mauricio Macri, y algunos -Sanz incluido- hablaron incluso de la "gran interna opositora", que contemplaría a Sergio Massa también.

El 14 de marzo todo esto tendrá que quedar zanjado, de una u otra manera. Aunque hará falta pulso y diplomacia para resolver las tensiones y encolumnar a toda la fuerza, algo que no sucedió en los últimos turnos electorales: pasó en 2007, cuando había una porción importante de la UCR comprometida con la candidatura de Roberto Lavagna; otra vertiente, liderada por Julio Cobos, detrás del kirchnerismo en el marco de la Concertación; y una última corriente que abandonó el sector meses antes de los comicios para formar el Acuerdo Cívico y Social -ese fue el caso del GEN, liderado por Margarita Stolbizer-.

La degradación del radicalismo, que cayó en desgracia cuando Fernando De La Rúa renunció en 2001 y quedó partido desde entonces, es el rasgo más característico de la última década. No es tanto la irrupción del kirchnerismo como, en realidad, la odisea radical: por varias décadas, la UCR fue un instrumento importante de intervención en la política nacional para las clases medias urbanas de varias provincias, también otras franjas de la población, y su degeneración dejó un vacío que otras opciones no llenaron en su totalidad.

El PRO y la Coalición Cívica en la Ciudad de Buenos Aires, el Partido Socialista en Santa Fe, el Frente Cívico en Córdoba o el mencionado GEN en la Provincia de Buenos Aires no fueron suficientes para cubrir esa vacante, sino que sólo hicieron una parte del trabajo. El radicalismo conservó otra parte de su mercado y el resto está en manos del peronismo en sus encarnaciones opositoras -como Lavagna en 2007, Francisco De Narváez en 2009 o Massa en 2013 y 2015-.

Frente a un Frente para la Victoria dominante, la opción opositora aparece fragmentada en decenas de islotes. Lo que haga la Unión Cívica Radical probablemente tenga un impacto en el comportamiento de la oposición este año.

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