Martes, 25 de Febrero de 2020

Un triunfo de la campaña: La discusión de la Ciencia y Tecnología

Más allá de los matices, las principales fuerzas políticas pusieron un acento en la temática durante esta campaña que, al menos en comicios anteriores, no había sido tan pronunciado. Coincidencias en el reconocimiento a la inversión pública y al déficit del sector privado. Un diagnóstico de los desafíos que enfrenta el sector para los próximos años y una comparación con los países vecinos.

18-10-2015



Por Hernán López
Así como las campañas son -a veces- oportunidades desperdiciadas para discutir temas neurálgicos, en esta ocasión hay una temática que, por primera vez, aparece en primer plano: la cuestión de la ciencia y tecnología, o, más específicamente, su vinculación con el mundo de la producción y la importancia a futuro.

Es cierto que Daniel Scioli puso más acento que sus rivales en este punto, pero lo equipos de Mauricio Macri y Sergio Massa, por tomar a los dos opositores mejor posicionados, también abordaron la problemática.

Hay una coincidencia en el diagnóstico general: aumentó el nivel de inversión pública sobre el sector de la ciencia y la tecnología; la apuesta del sector privado, sin embargo, sigue siendo insuficiente para traccionar más alto. En otras palabras, el aumento de su participación en el PBI -como pasó en otra área clave, la educación- está ligado a las asignaciones presupuestarias del Estado nacional y los provinciales, no así a las empresas.

Es el I+D, o investigación y desarrollo, que constituye el fuerte de las empresas que compiten en la frontera tecnológica. Pasa parcialmente con el sector de la biotecnología -el polo argentino de Rosario es el más grande de Latinoamérica y uno de los principales a nivel mundial- o los servicios basados en el conocimiento -cuyas exportaciones generan un saldo comercial de 3.000 millones de dólares cada año, cuando otros, como el automotriz, presenta un balance deficitario-, pero su impacto es limitado.

Para ponerlo en simple, se reconoce el aumento de los fondos públicos y la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología que, desde 2007, conduce Lino Barañao.

Se critica, en cambio, las malas condiciones para la inversión del sector privado en el ámbito tecnológico y científico.

Y eso es para lamentar en un país como este, donde la cantidad de científicos e investigadores supera a la media por cada 1.000 integrantes de la población económicamente activa. Argentina tiene 3 investigadores por cada 1.000 habitantes de la PEA, cifra que duplica a Brasil, triplica a Chile y cuadruplica a Uruguay, los inmediatos perseguidores en la región.

Pero también superan largamente a China, por tomar a un gigante de otras latitudes. Países como Estados Unidos o Canadá, no obstante, están por encima.

El impacto internacional de la producción científica nacional, en tanto, está arriba de la media mundial (1.2 contra 1, medida por la revista Nature) y, en especialmente, la media regional (que es de apenas 0.8 contra el 1,2 argentino).

Y esto último es a pesar que Brasil, uno de los países hermanos antes citados, invierte el 1 por ciento de su PBI en ciencia y tecnología, cuando en este país asciende al 0,6 por ciento. Esto implicaría que, de aumentarse el gasto en suelo argentino, la diferencia sería mayor y Argentina consolidaría un liderazgo importante.

Esa inversión, guste o no, tendrá que ser traccionada por el sector privado. Es saludable que estas temáticas hayan entrado en la campaña como no había pasado en elecciones anteriores. Un punto a favor.



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