Jueves, 6 de Octubre de 2022

La historia oscura y las muertes detrás del proyecto de Papel Tucumán

Papel Tucumán era un proyecto, fallido, que tenía por objetivo proveer de papel a los diarios del interior a base de una materia prima que resultó no ser comercialmente viable: el bagazo. Esto generó idas y venidas. Y el asesinato de quien era el gerente general del proyecto, Carlos Cañete, cuando viajaba a Buenos Aires en un vuelo que explotó en el Río de la Plata (en la zona de Quilmes). Los intereses que había detrás y los años de trabajo en la dictadura, contados por el ingeniero Jorge Bojanic, que participó de la iniciativa y tiene a su hermano y cuñada desaparecidos. Testimonio de alto impacto, en diálogo con Buenos Aires 2punto0 Formato Radio.

23-04-2015



Si bien un solo proyecto pasó a la historia, nada menos que el gigante de Papel Prensa y las múltiples polémicas en torno a su propiedad, hubo en realidad tres propuestas originales, que incluía a Papel Del, en la zona del Delta, y Papel Tucumán, una idea que nunca llegó a concretarse por dificultades para obtener una materia prima local comercialmente viable y competitiva en términos de costos, y que interesaba muy especialmente a los militares para darle algún tipo de popularidad a Antonio Bussi, gobernador de facto de Tucumán en esa época. 


Un informe reciente de Minuto Uno, a cargo del periodista Mauro Federico, reveló la historia detrás de Papel Tucumán, una planta ideada para competir con Papel Prensa a comienzos de los setenta y que no prosperó, en efecto, por la imposibilidad de producir en la provincia del noroeste. La idea original era utilizar el único recurso con algún potencial en esas tierras, que era el bagazo, derivado de la caña de azúcar local. 


El bagazo era la única posibilidad, pero a los pocos años quedaría claro que no sería posible elaborar papel como el que utilizan los diarios, de 45 gramos -y no de 90 gramos, como el papel tradicional-, destacado por su opacidad y también resistencia. Un estudio de Bojanic determinó la no factibilidad de esa iniciativa y esto fue una auténtica desilusión para el gerente general de esa misión, Carlos Cañete.


Es aquí donde entra en la ecuación Jorge Bojanic, un ingeniero naval que estaba inmiscuido en el proyecto, y cuya tarea, específicamente, era el estudio de las posibilidades y factibilidad o no de esa arriesgada apuesta: establecer si iba a fructificar, en qué plazos, cuándo estarían en condiciones para instalar una planta, etc. Su tarea demostró que nada de eso iba a avanzar y es ahí donde arrancan los problemas.


Cañete, su superior, llegó a sugerirle que abandonara el país “porque era hombre muerto”. Y, como contó el propio Jorge a Buenos Aires 2punto0 Formato Radio, eso tuvo que hacer: vivió varios años en Cartagena, España, donde viajó junto a su familia hasta que, en 1980, lo vuelve a contactar Cañete para buscar una alternativa.


Para dimensionar la relevancia de un negocio como el papel de los diarios, el testimonio de Jorge es contundente en este punto, ante la pregunta de Buenos Aires 2punto0.


-¿A qué atribuye todo esto? 


-El negocio del papel de diario es un negocio de poder, cuando usted tiene el papel, usted obliga al que se lo compra y obliga también a que compren la publicidad o los contenidos. Por ejemplo, cuando Clarín le vende, a través de Papel Prensa, a La Voz del Interior de Córdoba, La Gaceta de Tucumán, La Capital de Rosario o La Nueva Provincia de Bahía Blanca, también está obligando a que le compren todos los editoriales de sus periodistas. Y a su vez, si yo manejo la producción de papel, las agencias de publicidad me tienen que, vamos a decir así, pagar un peaje. Porque si yo domino la característica del papel, puede ser que el rojo de la propaganda de la famosa bebida Cola no tenga la intensidad que la publicidad necesita. Son un monopolio de poder tremendo. Si yo manejo la producción de papel, manejo el monopolio de la opinión publicada.  


El Proyecto


El proyecto global de Papel Tucumán era, en corto, una cooperativa de periódicos del interior y el Grupo Bridas, financista que compró un edificio a la Embajada de Estados Unidos, en la Ciudad de Buenos Aires, donde funcionarían las oficinas. Y una de las finalidades centrales con toda esta obra, que demandaría más de 400 millones de dólares en inversiones y desgravaciones impositivas, era “apuntalar a Bussi” en Tucumán.


-Papel Tucumán iba a estar manejado por los diarios del interior, ¿no?


-La financista resultó ser el Grupo Bridas. Nuestra oficina quedaba en la calle Sarmiento, entre Maipú y Florida, pleno centro de Buenos Aires. Cuando llego al lugar, me encuentro con que era la ex Embajada de Estados Unidos, los Infantes que protegían el lugar nos estaban entregando el edificio. Fui parte de un grupo de gente que recibió el edificio. Cuando entro, me llevan hasta un cuarto subsuelo donde había un búnker, reforzado con acero de alta resistencia y abastecimiento de hidrógeno, nitrógeno, para subsistir hasta 20 días.


-Esto era porque en la mente de ellos podía haber un episodio nuclear, ¿es así?


-Según me dijeron, el diseño estaba hecho en base a que si en Buenos Aires había un bombardeo, estando a 40 metros de profundidad, se salvaban los que estaban adentro. Yo tenía mi oficina en un quinto piso, y venía la gente de Ingeniería y de Financiera, y en lugar de hacer las reuniones en un lugar amplio, íbamos siempre a ese cuarto subsuelo. Yo un día pregunté por qué y me decían: “Tenemos que estar acá por seguridad”.


Ahí Jorge toma conocimiento de Oscar Camilión, un personaje oscuro vinculado a Grupo Clarín, y eventualmente su mano derecha, Jorge Baeza.


-¿Por qué por un tema de seguridad? ¿Seguridad de qué?


-Ahí me dijeron que teníamos un competidor que era muy peligroso que era el grupo Camilión y su banda.


-¿Quién era el Grupo Camilión?


-Acá hay que hacer un poco de historia. El golpe de Estado de 1976 fue el más anunciado de todos. Un mes antes se publicaba que el futuro ministro de Economía iba a ser Martínez de Hoz y que iba a haber una Junta Militar. Y bueno, cada empresa empezó a buscar un amigo dentro de los militares. Cada empresa tenía un coronel, un almirante o brigadier. Y en el grupo Clarín había ingresado Camilión. Pasó a ser el nuevo mandamás, por debajo, por supuesto, de las autoridades verdaderas de la empresa. Era un amigo de la Junta Militar. Pero no solamente Clarín tenía militares amigos, seamos sinceros, en cada empresa había uno. 


El segundo de este hombre, que se llama Jorge Baeza, pasa a ser periodista del Grupo Clarín. Baeza, durante todo el período de democracia, había sido un “fragotero”, un tipo que estaba en contra de la democracia.


En la oficina de Ingeniería en la que trabajaba, yo tenía al lado mío a un tipo que andaba siempre armado, y tenía una pistola en el escritorio. Y me relató que había intervenido en la Matanza de Garín, yo no sabía lo que era; después me enteré. Ese tipo estaba sentado al lado de mi escritorio. Y enfrente mío lo tenía al hijo de Menéndez.


-Porque ellos también formaban parte de esa área de Ingeniería en la empresa…


-Claro, a mí me había traído Moscarelli, pero había otros tipos traídos por Videla, Martínez de Oz, Menéndez o Bussi, qué sé yo. Los amigos del poder. Y ahí empecé a entender la psicología de esta gente. El hijo de Menéndez me decía que el viejo recorría los campos. Se refería a los campos de concentración. Y contaba que a la mañana desayunaba en el cuartel y siempre le pedía a un colimba que le fuera a comprar “Patoruzito”. Ese era el nivel intelectual de la gente que nos gobernaba. Yo dependía del gerente general que era Carlos Alberto Cañete, abogado nacido en La Plata, pero que había vivido siempre en Tucumán, tenía el acento tucumano.


-¿Y cómo era el día a día y la vida así?


-A nuestra oficina venía a visitarnos gente en uniforme de Tucumán, que participaba de operativos con Bussi y Menéndez. Y como yo tenía un hermano desaparecido, yo empecé a notar que iban y me presentaban, iba directamente y decían quién era yo. Y después me di cuenta: me estaban marcando, me fue muy difícil la vida en ese momento.


-O sea, ¿sus propios compañeros lo estaban marcando?


-Claro, pero no todos, hubo dos o tres que eran más papistas que el Papa. Y yo me tenía que quedar callado. Mi tarea más importante era estimar cuándo iba a estar el proyecto en funcionamiento. Pero lo más importante es que no había ningún lugar en el mundo en que funcionara el bagazo, había habido intentos y pruebas en Perú y México. Mi obligación profesional fue informarle a Cañete que no se podía hacer y se lo puse por escrito. Y me re puteó, me dijo de todo, me pidió que me fuera de la empresa.


-¿O sea que le piden que se vaya de la empresa formalmente?


-Si, porque él era el líder del proyecto y entonces se puso mal. Él tenía la camiseta de los diarios del interior. Y yo le dije que no se podía. Entonces me fui, empecé a recibir amenazas muy fuertes. Y bueno, me tuve que ir del país. No fueron muchos años. Pero al poco tiempo empecé a recibir los télex, Cañete se contacta conmigo, me dice que ya se le había ido la calentura y que había que encontrar otra solución. ¿Cuál era la alternativa? Y yo le digo, que como teníamos las cosas compradas, ya más o menos definidas, ubicar en Papel Del, irnos al Delta entrerriano.


-Relocalizar la planta en el Delta de Entre Ríos…


-Sí. Y él me dice que ni Bussi ni Menéndez van a querer saber nada. A todo esto Papel Prensa ya estaba produciendo. Yo vengo porque la situación mía era inestable; vine solo, no quise traer a mi familia. Y llegamos a la conclusión de que había que plantear la idea de relocalizar porque se estaba ya casi en el deadline, la línea de no retorno, porque llega un punto en que uno no puede dar marcha atrás. Y esa fecha era el 31 de agosto de 1981. Antes del 31 de agosto teníamos que presentar la alternativa al poder político que estaba en ese momento, por los incentivos económicos que iba a tener esa fábrica.


La jornada fatídica


Una vez en que acordaron con Cañete que debían informar estas alternativas, Bojanic pacta encontrarse con su jefe en Buenos Aires.


Puntualmente el 7 de mayo del año 1981, Cañete viajó a Buenos Aires para reunirse con la Junta Militar y plantear esa necesidad; previo encontrarse con Bojanic en el hall de Aeroparque, pero Cañete nunca llegó a destino.


El vuelo 901 de Austral, en que iba sentado, explotó frente a las costas de Quilmes. Esto fue, según cuenta y denuncia ahora Jorge Bojanic, un atentado que la dictadura pensaba atribuirle a Montoneros.


El objetivo inicial era que la explosión fuera antes. Según cuenta Bojanic, el avión llevaba dentro una bomba preparada para explotar ante los cambios de presión, por lo que la idea era que la aeronave estallara al alcanzar su altura de crucero. Si esto no sucedía, estallaría próximo al aterrizaje.


El avión no explotó cuando alcanzó la altura máxima y estando ya pronto a llegar a Aeroparque hizo falta una ingeniería adicional: cruzar un camión en la pista de aterrizaje para impedir que la nave tocara tierra allí y no tuviera otra opción que desviarse. Fue tiempo después que finalmente, como estaba planeado, explotó.


Ese día, Jorge ingresó al Hall de Aeroparque y entró en alarma cuando vio a otro personaje siniestro, el antes citado Jorge Baeza, hombre ligado a la dictadura y mano derecha de Oscar Camilión, que ya se presentaba como periodista del diario Clarín.


Las palabras del entrevistado erizan la piel en este tramo:


-Con Cañete quedamos en encontrarnos en el Aeroparque, el 7 de mayo de 1981. Él tenía que venir con cuatro funcionarios más del proyecto pero, de esos cuatro, a dos le inventaron reuniones para el otro día y a dos los bajaron prácticamente en la sala de preembarque. Ese día llovía, yo había llegado a las 10.00 y ví que aterrizaron aviones antes e incluso después de las 11.00. Pero el de Cañete no aterrizó. Yo estaba esperando en el Hall y lo veo entrar a Baeza con unos 5 o 6 tipos de civil y otros 10 o 12 militares. Uno lo tomaba como algo normal.


Cuando lo veo a este tipo, y yo me acuerdo lo que había pasado con nuestro grupo en Plaza de Mayo (ver abajo), yo salgo corriendo del Aeroparque y me voy afuera, primero para zona norte, donde está la cancha de River, y después para la zona del Museo. Y me quedó ahí, pensando que cuando lo viera salir a Cañete, le hacía señas. El avión no aterriza y, de repente, veo que Baeza sale corriendo, se meten donde sería la zona militar y yo veo que había una compañía, un grupo militar, y Baeza le da órdenes: que pongan el camión, que atraviese el pasto y lo ubiquen en la pista. El asunto es que, después de un rato, escuché gritos y aparentemente habían dado la noticia de que el avión de Cañete, en un vuelo de Austral, había chocado en el Río de la Plata. Esa es la historia que uno conoce.


-Fallecen, ¿cuántas personas?


-Creo que 40 personas, el piloto era bueno, el avión estaba en excelentes condiciones, e incluso, viajaba un gerente de Austral en el avión. Y después, con los años, pude averiguar que habían colocado una bomba que iba a estallar por presión. Cuando el avión alcanzara la altura crucero, iba a tener la presión máxima e iba estallar el dispositivo, y se le iba a echar la culpa a los montoneros.


Y como la bomba no explotó al subir el avión, y seguía viniendo para Buenos Aires, estos se desesperaron. Porque se hubieran dado cuenta de que la bomba había sido puesta de una forma muy específica. El avión quiso aterrizar. Por eso pusieron el camión, por eso no aparecen las cajas negras. Todos los testimonios publicados son falsos. Los pilotos fueron mandados a una pista alternativa y, volando a la altura de Quilmes, les explotó el avión. Explotó a 600 metros de altura y sus restos quedaron desparramados en 13 kilómetros cuadrados. Explotó en el aire y se desparramó. Y al estar el avión en compresión, y producirse una explosión, la explosión misma se magnifica por la alta compresión del avión. Eso hizo que la descompresión violenta le sacara la ropa a los cadáveres.


Hasta ahí los detalles más escabrosos. El relato de los acontecimientos y los sucesos en los meses previos no sólo ponen los pelos de punta, también ilustran en qué situación estaba el proyecto y la emboscada en que cayeron finalmente.


-Ustedes tuvieron que empezar las conversaciones con el poder de turno...


-Había que hablar con el poder de turno. Ahí ya estaba Viola, pero vos sabés cómo es esto. En el poder estaba Videla, esto era la Junta Grande, tuvimos que hablar con Videla y con Martínez de Hoz. Era la única forma de que llegáramos a convencer a Bussi de que se autorizara el cambio y hacer otra fábrica, por eso teníamos que hablar con Videla para que hiciéramos el pase a la Junta Grande.


El caso pasó a la historia por la falta de precisiones reales, y fue planteado como un accidente aéreo. Recién ahora se conocen los detalles que relata Jorge Bojanic, donde se expone la particular situación del trunco Papel Tucumán. La realidad marca que Cañete muerto era beneficio para Papel Prensa, cuyo principal agente era y sigue siendo el Grupo Clarín. “Si usted quiere mantenerse en el poder necesita tener a Clarín de su lado. Clarín era quien publicaba que estaba todo bárbaro, que no había inflación, que el país estaba con superávit…”, indicó Bojanic


Los familiares


En plena dictadura, Jorge perdió a su hermano y cuñada. “Mi hermano tenía un trabajo con la empresa de mi padre y prestaba algún tipo de ayuda a los heridos de La Tendencia, y un día se los llevaron a él y a mi cuñada. No pude saber de ellos nunca más”, indicó y también mencionó que, ese mismo año, Baeza –quien en las marchas que hacían los jueves los familiares de desaparecidos decía ser periodista del diario Clarín- ofreció la publicación del listado de desaparecidos hasta ese momento -que eran 5.700- a cambio de dinero, pero ellos entregaron el monto acordado, 10.000 dólares, y éste nunca cumplió con su parte del trato.


A Baeza lo conocía, naturalmente, por su incursión en el proyecto de Papel Tucumán, a través de Camilión.


Lograron que la lista completa apareciera en el diario La Prensa, mas el impacto no era el mismo. “Encontré a este Baeza y nos ofrece publicar la lista de desaparecidos; ya estábamos identificados, uno no sabía si volvía, estábamos jugados. Mi madre, que fue una de las primeras Madres de Plaza de Mayo, estuvo encerrada con cadáveres al lado. En esa época, era común que se detuviera a algunas madres y se las encerrara en un calabozo con cadáveres al lado para amedrentarlas.


En ese contexto Baeza nos dice que si le pagábamos 10.000 dólares Clarín iba a publicar la lista. Eso era importante para nosotros porque el diario tenía relación directa con los diarios más importantes del mundo. Eso era avisarle al mundo lo que pasaba acá, por la influencia que tenía Clarín”, puntualizó.


“Se llevó la plata y nunca publicaron nada. Y de los que conocí en Plaza de Mayo, nunca volví a ver a ninguno. Esa gente no sé cómo desapareció. Yo no volví a saber nada, porque yo no le daba información a nadie. Darle información a alguien era peligroso. Si me secuestraban a mí, y yo tenía la dirección de usted, la iban a buscar a usted también”, agregó.


“Yo lo tengo que nombrar a este hombre, Baeza, porque el 19 de octubre de 1977, pocos días después que empecé a trabajar con esta gente, desaparece mi hermano y mi cuñada. Yo me iba a las primeras rondas, los jueves, a las primeras. Yo empezaba a hacer rondas en la Plaza de Mayo, cuando podía escaparme del laburo. Y un día lo encuentro a Baeza en las rondas esas, y ahí nos ofrece publicar la lista de los desaparecidos”, relató.


Años de silencio


Jorge Bojanic tampoco escapó a las frustraciones que siguieron después de 1983, con la vuelta de la democracia. Y las dificultades que tuvo incluso desde entonces.


-Yo pensé que cuando venía la democracia, se podía destapar esto. Pero Alfonsín, yo no voy a hablar mal de él, lo tenía atrás a (Raúl) Guglielminetti en una de las primeras fotos que aparecen. El mensaje era, detrás está el 601.


Cuando la jueza me rechazó el hábeas corpus de mi hermano, yo decía “Pero ¿cómo puede ser que me rechazan un hábeas corpus?”.


Lo mismo sucedió en la época de Menem. Menem lo nombró Ministro de Defensa a Camilión y el Secretario de Defensa era Baeza.  Estos tipos volaron el arsenal de Río Tercero, que si en lugar de explotar como explotó hubiera tenido una reacción en cadena, en Río Tercero no quedaba ni un árbol. Esta gente no tenía límites para nada.


Camilión estableció una organización desde el gobierno de Menem que abastecía de armas de Israel a Irán. Hay aviones argentinos, de Transporte Ríoplatense que fueron derribados en la frontera de la Unión Soviética transportando armas para Irán.


Para Jorge Bojanic, “recién ahora están dadas las circunstancias para poder contarlo”.


“Después de Viola, por ejemplo, estuvo (Horacio) Liendo al frente de la Junta por unos días. ¿Quién era la mano derecha de (Domingo) Cavallo? Liendo, ¡Su hijo! Esta gente se recicló con el menemismo”, asegura.


Con la voz quebrada, pero con firmeza, Bojanic sostiene: “Gracias a Dios tengo una gran memoria y de estas cosas no me puedo olvidar. Yo me puedo olvidar si River perdió o ganó con Boca el último partido, pero no me voy a olvidar de esto nunca porque se llevaron a mi hermano” 


 


La entrevista completa en: https://soundcloud.com/ba2punto0/jbojanich1-230415


Regresar